La Columna de Renko

Amigos, simplemente amigos.


Las mejores conversaciones de un hombre ocurren con una mujer y punto. Anoche estaba a punto de dormir cuando caí en cuenta de lo mucho que disfruto charlar con una mujer, cualquiera que sea su edad, estado civil o cultural. Hay un tesoro inagotable en su lógica contrapuesta con la nuestra, su mezcla explosiva de razón y sentimiento, su manera de percibir al mundo desde su género y en cada rasgo distintivo con los hombres. Porque no hay gran misterio en charlar con otro hombre, que piensa, siente y razona igual que uno, a quien es fácil entender porque está dentro de la misma piel y ha pasado por experiencias similares. En cambio, charlar con una representante del sexo opuesto, es un deleite y lo que le sigue.

No se malinterprete mi apostolado, disfruto muchísimo de la plática con un amigo en compañía de una exquisita cerveza, una copa de tinto, tequila o al menos un buen café, hablar hasta cansarnos de política, para arreglar el mundo y despedazar una liga entera de futbol, encontrar agradables coincidencias en libros, cine o cualquier otro disfrute mutuo. Pero para esas charlas se requiere preparación, la causalidad de un momento especial, incluso de una cita con el paso de los años y la llegada de las responsabilidades. Sin embargo, con una mujer es distinto, cualquier día y a cualquier hora es posible llevar una conversación a niveles de profundidad e interés asombrosos y difíciles de alcanzar con un hombre. Las mujeres siempre están listas para una sesión de esgrima mental, ojala así fuera para el sexo, jajaja ¡no es cierto!, este tema poco tiene que ver con el sexo y mucho con la amistad y complementariedad que puede florecer entre un hombre y una mujer, olviden ese traspié cómico.

Decía que anoche antes de dormir caía en cuenta que por años, uno de mis grandes tesoros ha sido contar con la amistad, tiempo y atención de alguna mujer para mantener largas y exquisitas conversaciones. He sido afortunado en que la vida me haya concedido este tesoro en muchas ocasiones y presentaciones, mujeres de diferentes edades, estado civil, social y cultural o experiencia de vida. Pero pocas veces ha sido un contacto público y transparente, aunque su naturaleza fuera limpia y sin intereses sentimentales o sexuales, la mayor parte de las veces ha sido una relación secreta y privada.

Desde tiempos inmemoriales, la amistad entre un hombre y una mujer despierta sospechas, recelos y celos, por el lado que se le mire, y desde donde se le mire, ni al varón le hace gracia que su mujer tenga amistades masculinas con quienes se reúna a charlar por horas, ni a la mujer le da tranquilidad que su esposo se vea o se contacte con otra mujer para algo tan inofensivo como charlar. Vaya si ni siquiera resiste el escrutinio público, mucho menos de los interesados, la mayoría de la gente piensa mal de una relación así y le llenará la cabeza de ideas a quien sea cuya pareja esté en una situación similar. Si preguntamos por aquí y por allá, veremos que para la mayoría, habrá siempre la incertidumbre si dicha familiaridad y química se reduce a la conversación o hay algo más, quizá un amorío en ciernes o por lo menos platónico que en cualquier momento  podría estallar en una tormentosa pasión. Así que me acostumbré y acepté como inevitable y natural, que cualquier charla, por más buena que estuviera, se terminara al leer o escuchar el conocido: “Ya llegó mi marido, me tengo que ir”.

Hace tiempo me contactó una lectora en mi blog, su misiva era sobresaliente, larga y rica en ideas, de ese contacto surgió un hilo del que halamos por años para mantener charlas interminables por correo electrónico y eventualmente por Whatsapp. Su mente era prodigiosa, un caudal de ingenio y manejo del lenguaje, lo mismo era ácida que asertiva, generosa o irreverente, auténtica o multifacética. Nuestro intercambio epistolar sobrevivió de todo lo que podía pasar de cada lado de la pantalla, de amores a desamores por cada lado, de nostalgias a recuerdos nuevos, pero siempre se mantuvo en el cauce de la amistad. Después de años de conversar, hicimos planes para aprovechar su escala en mi ciudad de un viaje que tendría hacia otro destino para hacer planes de vernos, comer juntos y conocernos los gestos en la cara. Nuestro inocente plan no llegó a completarse.

Una semana antes de vernos, llegó a mi bandeja de correo una kilométrica carta en la que me explicaba por qué no podríamos vernos. El hombre con quien desde un año atrás compartía camino, había irrumpido por accidente en su correo y había reparado en nuestros correos al llamarle la atención el destinatario: “Arcadio”, ella me había bautizado así, como el de 100 años de soledad y como mi usuario en Twitter, y yo le llamaba Antimusa y Magdalena , como la de Sabina y era mi antimusa porque decía que era lo opuesto a todas mis musas. El hombre en sí, mayor y dueño de sí mismo, no hizo una escena de celos, ni un drama griego, pero le hizo saber a su modo que se sentía tocado, traicionado de alguna manera al desconocer por completo la amistad que la unía al tal Arcadio y para colmo con quien habría de verse en una semana, cosa que también había omitido compartirle. Esa fue su última carta y contacto conmigo, entre otras cosas sentía que había cometido una falta imperdonable y había dañado su relación, a la cual se debía y quería reparar. Le dije que a mis ojos no había cometido infidelidad alguna, pero que para quien sufría los estragos de su descuido, se sentía y percibía igual que una. Quien desee leer más sobre el tema, puede consultar el escrito Los malos pasos – Parte II que estuvo inspirado en mi carta de despedida a la Antimusa, nunca he vuelto a saber de ella, por lo que asumo que sigue con el señor de la pipa y de vez en cuando evoca nuestras cartas sin atreverse a romper su adiós.

Después de años de amplia experiencia en el campo, puedo afirmar que un hombre y una mujer pueden ser simplemente amigos. Nunca he tenido dinero para dar a manos llenas a una mujer, para colmarla de regalos y las atenciones que se compran con dinero, solo he tenido mi tiempo para brindar, que muchas veces era lo único que poseía y justo lo que ella necesitaba que alguien se lo diera. De ese intercambio de tiempo y atención, han nacido muchas de mis más entrañables amistades femeninas. Tampoco negaré que algunas amistades inocentes se convirtieron en Amores culpables, pero también que a la postre volvieron a ser lo que originalmente había sido: amistades. Con esto confirmo que las sospechas sobre la pureza de la amistad entre un hombre y una mujer son fundadas y reales, la línea que divide la amistad del interés romántico es muy delgada, pues están basados en los mismos preceptos que el Amor: admiración, respeto, confianza, complicidad y conexión. Es muy fácil enamorarse de quien se admira y se tiene una conexión mental, aún más fácil darle vida a ese sentimiento y llevarlo a algo más cuando las cosas en casa no andan bien en alguno o ambos lados. Sin embargo, cuando existe el equilibrio, madurez emocional y una relación sólida y basada en el Amor en ambos lados, la amistad entre un hombre y una mujer no solo es posible, sino que es increíble… aunque deba ser secreta, por el bien de todos los involucrados.

Germán Renko @ArkRenko
Psicólogo clínico, escritor y conferencista.
Especialista en relaciones saludables, si no sabes cómo tener una, te guío para lograrlo.

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Acerca de Germán Renko

Psicólogo y escritor. Especialista en relaciones saludables, si no sabes cómo tener una, te guío para lograrlo. Autor de: «Con las Alas en Llamas» y de la frase: “Si no era Amor, era vicio. Porque jamás una boca me hizo regresar tantas veces por un beso”.

Comentarios

4 comentarios en “Amigos, simplemente amigos.

  1. Buenos dias nada mejor que iniciar el dia con tus palabras, y como siempre eres un mago

    Publicado por sonnia | 17, diciembre, 2020, 9:08 am
  2. Delicioso leerte. Entiendo perfectamente ese tipo de amistad, en donde puedes hablar de todo sin miedo a críticas, donde puedes intercambiar pedazos de tu vida con esa persona especial que aunque a la distancia siempre está presente en tu día a día. Besos Germán…

    Publicado por Rebeca Flores | 17, diciembre, 2020, 10:29 am
  3. Después de leerte, siempre agradezco el regalo que recibieron mis ojos.

    Publicado por Gemma Edith Lobato | 17, diciembre, 2020, 10:08 pm
  4. Me encanto, y ciertamente así pasa con las parejas siempre hay celos para tener una amistad del sexo opuesto.
    Muy pocos son los hombres que aprecian una buena charla con una mujer.
    Personalmente yo siempre tuve amigos confidentes porque nunca se me dio el tener una buena amistad con una mujer. Ya entre mujeres siempre hay celos envidias, y esa gran disputa de no saber si confiar o no en ellas. Tuve muy malas experiencias con las supuestas amigas.

    Publicado por BelleDame2 | 20, diciembre, 2020, 12:37 am

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