La Columna de Renko

Cobrar Conciencia


“La mayoría de las personas adquiere la consciencia en donde se acaban sus privilegios”.

Haile Selassiel

Qué hace que un estudiante se aplique en la escuela, que un recién casado se vuelva responsable de su hijo por nacer o la familia que empieza, qué hace que un hijo se haga cargo de la limpieza de su cuarto o su higiene personal sin que sus padres se lo ordenen, qué hace que un profesional se entregue con pasión a su trabajo, qué hace que una madre amamante a su hijo, lo cuide y lo vuelva su prioridad los años por venir, qué hace que un alcohólico o adicto abrace su rehabilitación, qué hace que un profesor se vuelque en dar lo mejor de sí en un aula, qué hace que una persona se comprometa en una relación sentimental, qué hace que un niño deje de herir a otro, qué hace que una persona renuncie a “dar mordida”, asista a votar o cuide el medio ambiente. Qué hace que una persona o una nación se percate que el gobernante por el que votó no era lo que pensaba. Qué hace que una persona se de cuenta del daño que provoca en otros, en sus seres queridos, que un padre o madre se percate del daño que hace al gritar o ejercer la violencia con sus hijos, qué hace que una persona se de cuenta que está en una relación tóxica, que su pareja no va a cambiar, que ella misma necesita un cambio; ¿qué hace que las personas se comprometan con una causa por pequeña o extraordinaria que ésta sea?

Cuando estudiaba mi primera carrera profesional, me sorprendía ver compañeros de clase que me llevaban dos, tres y hasta siete años, a quienes “no les caía el veinte” que ya estaban en la universidad y había que aplicarse con las clases, las tareas y los exámenes, me parecía increíble que pareciera y se comportaran como si aún estuvieran en la secundaria o la preparatoria, saltándose clases y haciendo los trabajos al “ahí se va”, copiándolos o pidiendo que alguien más se los hiciera, justificándose o quejándose de la carga académica, incluso, teníamos una broma entre amigos que compartían el cinismo y el sarcasmo como quienes comparten el gusto por el futbol o la política, llamábamos a la universidad “La prepota”, porque era como una preparatoria más grande, pero con los mismos vicios y hábitos, de estudiantes y maestros por igual.

Un día, obtuve la respuesta del porqué mis compañeros no se tomaban la universidad en serio, me pegó en la cara como si siempre hubiera estado ahí, pero no había sido capaz de verla antes: les faltaba madurar emocionalmente, muchos eran hijos de papi y mami, no habían tenido que trabajar jamás en su vida, no habían sufrido episodio traumático alguno, otros ni siquiera sabía por qué estaban ahí o porqué habían escogido esa carrera; a la mayoría, sin importar raza o género, les faltaba entender la importancia de dedicarse a la escuela en serio, dimensionar que nadie más lo haría por ellos y que era completamente su responsabilidad aprovechar cada minuto para prepararse, porque un día habrían de terminar la carrera para dejar el ambiente seguro de la escuela y no sabrían qué hacer con su título en la mano. Ese día llegó y sucedió exactamente eso.

Sin embargo, aunque la respuesta encontrada valía oro, no dimensionaba su alcance, aun así habría de servirme para muchas decisiones en el futuro, como la vez que dejé la Coca-cola de un día para otro, luego de consumirla a diario y volverse parte de mi estilo de vida por años; no fue porque la bebida que estaba bebiendo estuviera caliente o le faltara gas, fue porque a medio vaso de Coca- cola, helada y burbujeante, decidí que no quería beberla más porque no era saludable en el largo plazo. Mi respuesta de oro me sirvió también para dejar de fumar de un día para otro, luego de muchos años de consumir cigarrillo tras cigarrillo, porque un día mientras sostenía en brazos a mi primer hijo, determiné que tenía a alguien más por quien arder por dentro y llevar aire limpio a mis pulmones, decidí que quería vivir muchos años para ver crecer a ese pequeño ser, hacer su vida y conocer a sus hijos; me sirvió para dejar otros malos hábitos y hasta algunas relaciones sentimentales que no tenían futuro.

Pero a mi respuesta de oro le faltaba sustento, le faltaba su epistemología, ¿por qué había decisiones, por difíciles que fueran que podía tomar sin que me temblara la mano, pero había otras tan simples como hacerle caso a un ruido del coche como señal de llevarlo al taller que no podía tomar?, esa respuesta la obtuve en mi primer día en mi segunda carrera profesional. La docente atacó el tema del porqué algunas personas decidían tomar terapia y otras no, porqué a unos les funcionaba la terapia y a otros no, y lo dijo simple, claro y contundente: porque algunas han cobrado consciencia y otras no. ¿Consciencia?, ¿de qué? ¿Para qué?

Hace un tiempo, escuché a una psicóloga decir que había dejado de hacer su misión el que los demás se hicieran conscientes de prestar atención a su necesidad de cambio, de tomar terapia, de sanar lo que haya que sanar y me dolió su renuncia, sentí lo doloroso que habría sido ese momento en su vida, porque renunciar a despertar consciencia en los demás es rehusar la responsabilidad que lleva el conocimiento que posemos sobre algo, pero también es rendirse a una pasión, a algo importante en su vida.

Despertar consciencia es lo que buscamos los psicólogos en cada uno de nuestros pacientes. La terapia psicológica es un proceso para llevarlos por el camino del esclarecimiento, de tomar consciencia de sí mismos, de su lugar en la vida y en el cosmos, de la importancia de hacerse cargo de su vida, de sus decisiones, de dejar de buscar culpables, del perdón, de la importancia de la catarsis y el arrepentimiento. Hacemos uso de todos nuestros recursos, de la filosofía, psicología, sociología y muchas ciencias más para expresar y mostrar incontables conceptos, ideas y estrategias para provocar el cambio, para despertar la consciencia de quien recurre a nosotros en busca de ayuda, para dotarle de herramientas para tomar las riendas de su vida, para encontrar la motivación y las razones continuar la terapia, para hacer o empezar aquello que postergaba sin más, para valorar su presente, a sus seres amados y su propia vida, con yerros y aciertos, pero su vida. Es un proceso que nos puede tomar semanas o meses conseguir en sesión con algunos pacientes: ayudarles a cobrar consciencia de sí mismos, a desarrollar el insight, la perspicacia, el autoconocimiento necesario para ser capaces de verse a sí mismos sin miedo, para explorar y conocer lo que hay en su mente, alma y corazón, para comprometerse consigo mismos, con su bienestar emocional y la búsqueda de la salud mental.

Me habría gustado saber lo que ahora sé, pero hace 10 o 20 años para tomar mejor algunas decisiones en mi vida, ¿pero me habría servido?, ¿habría entendido la importancia del despertar de mi consciencia? ¿o es que ahora puedo verlo por la experiencia que poseo y estoy consciente de la importancia de saber porqué hacemos las cosas?. Lo que me queda claro es cualquier esfuerzo para despertar consciencia en las personas es siempre útil para alguien que está preparado para recibir el mensaje, ¿a qué nivel y complejidad se puede despertar consciencia?, dependerá del grado de insigh de cada persona, de su madurez emocional, de su momento de vida actual… pero le servirá, no es posible dar el primer paso en el camino del autoconocimiento sin que algo se remueva en el interior de cada persona, no es posible salir de una frase, de una imagen en redes sin que algo haya cambiado para siempre en el lector, sin que se haya sembrado la semilla del cambio en su interior y que ésta, tarde o temprano, germine para brindarle sus mejores frutos: la oportunidad de ser feliz, de encontrar el amor, conseguir un mejor trabajo o disfrutar el actual, valorar su vida y a sus seres queridos, finalmente, de encontrar la paz y la plenitud en su vida.

Germán Renko @ArkRenko
Psicólogo y escritor.

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Acerca de Germán Renko

Psicólogo y escritor. Autor de: «Con las Alas en Llamas» y de la frase: “Si no era Amor, era vicio. Porque jamás una boca me hizo regresar tantas veces por un beso”.

Comentarios

4 comentarios en “Cobrar Conciencia

  1. Primero, gracias por escribir este artículo.
    Qué importante es lograr esa conciencia. Me sentí identificada en muchos fragmentos porque viví algunas experiencias similares, en la universidad, en los empleos que he tenido antes y después de adquirir mi discapacidad visual.
    Darse cuenta, adquirir esa conciencia es una manera de vivir el aquí y el ahora. A mí todavía me falta, al menos así lo siento. Sin embargo, sigo la senda en ese descubrirme, en ese ascender otro escalón hacia un nivel de conciencia más plena.

    Publicado por Lehna Valduciel | 18, abril, 2022, 5:22 pm

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