
La autocomplacencia
“El hombre se realiza cuando se supera a sí mismo.” — Viktor Frankl
La autocomplacencia es como ese sillón viejo en el que te sientas después de un día agotador: cómodo, suave, conocido… pero hundido. Y mientras más tiempo pasas ahí, menos ganas tienes de levantarte.
Todos hemos caído en ella. Ese momento en el que nos justificamos con un “así soy” o un “no es para tanto”, cuando en el fondo sabemos que hay algo que mejorar.
Autoestima sana vs. autocomplacencia
Una cosa es reconocer tu valor y otra muy distinta es esconderte detrás de frases que te impiden crecer.
- Autoestima sana: “Me equivoqué, pero al menos estoy dispuesto a mejorar.”
- Autocomplacencia: “Así soy, y si no te gusta, problema tuyo.”
La primera abre la puerta al cambio; la segunda la cierra con candado. Como diría Carl Rogers: “La paradoja curiosa es que cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar.”
Frases y actitudes que nos delatan
Seguro alguna vez has escuchado —o dicho— frases como:
- “Todos hacen lo mismo, no soy el único.”
- “El que me quiera, que me acepte como soy.”
- “El problema no soy yo, son los demás.”
Y se refleja en actitudes simples: justificar errores, buscar alivios rápidos en vez de comprometerte con lo que cuesta trabajo, minimizar tus fallos o decirte a ti mismo que “ya estás bien así” cuando sabes que no.
Cómo se cuela en la vida diaria
La autocomplacencia no siempre se ve dramática; a veces parece inofensiva:
- Esa comida chatarra “porque me la merezco”.
- Esa compra innecesaria en Amazon para sentirte bien un rato.
- Ese “mañana empiezo” que se repite como disco rayado.
Son detalles pequeños que, acumulados, se convierten en un muro invisible que te aleja del cambio real.
En las relaciones de pareja
Aquí se vuelve aún más evidente.
- “Yo sí quiero algo serio, pero la gente ya no quiere comprometerse.”
- “Si me ama de verdad, tiene que aceptarme tal cual.”
- “Estás exagerando, no fue así.”
- “¿Para qué moverle si así estamos bien?”
La autocomplacencia en pareja no solo detiene tu crecimiento, también estanca la relación. Como decía Albert Ellis: “La mejor manera de amar es trabajar en ti mismo.”
En terapia también se asoma
La resistencia al cambio suele disfrazarse de autocomplacencia. Y muchas veces aparece en forma de descalificación al psicólogo:
“Lo que me dice no aplica para mí”, “eso es teoría”, “usted no entiende”, “no sabe”, “habla mucho”.
Pero en realidad no se está cuestionando al terapeuta… sino evitando mirarse en un espejo incómodo.
Una estrategia de cambio
No se trata de culparte, sino de empezar a moverte. La autocomplacencia se combate con pasos pequeños pero constantes:
- Detéctala: atrápate cuando digas “así soy” o “no es tan grave”.
- Cuestiónala: pregúntate “¿esto me ayuda a crecer o me mantiene igual?”.
- Actúa pequeño: empieza hoy, aunque sea con 10 minutos.
- Busca feedback: escucha a quienes te confrontan en lugar de descalificarlos.
- Celebra lo incómodo: lo que incomoda, transforma.
La autocomplacencia es quedarte en tu zona de confort. El cambio es atreverte a incomodarte.
La pregunta es simple, pero decisiva:
¿Quieres seguir cómodo un rato o transformarte en serio?
Gracias por leerme hasta aquí 🧡.
Si este escrito te fue útil, te invito a darle like, compartirlo y seguirme en redes como @ArkRenko. Y si quieres seguir explorando estos temas, escuchanos en vivo o repetición en XpressoDoble, nuestro espacio de radio online donde la psicología nos ayuda a entendernos y aceptarnos con más claridad.
Si esto te dejó pensando, no lo guardes en silencio. La autocomplacencia se alimenta de excusas; el cambio empieza cuando te animas a ponerlo en palabras. Hablemos en consulta.
Germán.







Replica a “Hasta aquí llego, con esto me basta” – El Rincón de mi Consciencia Cancelar la respuesta