
El monstruo al final de la relación
No todo lo que duele es maldad
“Al final, se mostró como era… un monstruo”.
Esa frase la he escuchado muchas veces en consulta. Y, siendo honesto, también la dije yo una vez. Fue mi forma de protegerme de la desilusión que implica ver que algo en lo que creí, ya no está.
Pero ese “monstruo” que vimos en el otro, ¿realmente fue siempre así?
¿O es más fácil etiquetar que aceptar que nosotros también cambiamos?
Decir que el otro siempre fue así —pero lo ocultó— es una forma de protegernos del golpe.
Una manera de evitar preguntas incómodas:
- ¿Dónde me perdí?
- ¿Cuándo dejé de poner límites?
- ¿Por qué me quedé cuando ya sabía que algo estaba roto?
El fin no siempre dice toda la verdad
Los finales suelen ser sucios.
No siempre hay despedidas maduras ni cierres elegantes.
A veces hay gritos, acusaciones, ofensas, amenazas, chantajes, indiferencia…
Eso no significa que toda la historia haya sido una farsa.
Significa que el dolor y la frustración nos vuelven versiones que ni nosotros mismos reconocemos.
Y esto no es justificar. Es comprender.
Ver al otro como el “monstruo del final” nos deja en un lugar cómodo: el de la víctima total.
No lo digo con juicio, lo digo porque ahí estuve.
También me conté esa historia para no mirar lo que yo permití, lo que callé, lo que postergué.
Un monstruo creado entre dos
Voy a contarte algo personal.
Hubo una relación que me rompió en muchos sentidos. Me costó meses dejar de decir que la otra persona era cruel, manipuladora, infiel, egoísta.
Hasta que un día en terapia solté esto:
— “Pero si era tan horrible, ¿por qué me dolió tanto perderla?”
— “Porque no era horrible todo el tiempo. También hubo momentos en los que te sentiste visto, deseado, importante. Y porque cuando uno está herido, a veces se aferra incluso a lo que lo lastima, con tal de no volver a sentirse solo.”
Esa conversación me cambió.
Me mostró que el “monstruo” no nació solo. Lo alimentamos los dos:
Yo con mis inseguridades. Ella con sus carencias. Ambos con nuestras heridas y miedos.
Porque en una relación, lo que se descompone no es uno… es la danza.
Y si solo culpas al otro, seguirás repitiendo los mismos pasos con otra pareja.
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No somos solo un episodio
Las personas no son lo que hicieron en su peor momento.
Son lo que fueron a lo largo de la historia, lo bueno y lo malo. Son todo:
- Lo que nos hizo reír
- Lo que nos enseñó
- Lo que nos dolió
- Lo que no supieron darnos
- Y mucho más
Encerrarlas en una sola escena final —una discusión, un grito, una infidelidad, un portazo, una pelea eterna en tribunales—
es perdernos el mapa completo.
Y lo peor: es también impedirnos aprender de la experiencia.
Porque si el otro fue simplemente un monstruo, entonces ¿yo qué hacía ahí?
Y si no me atrevo a responder esa pregunta…
hay una parte de mí que seguirá eligiendo lo mismo con otro nombre.
No se trata de justificar, sino de comprender
Entender que el otro actuó desde su herida no borra lo que nos hizo.
Pero sí nos permite sanar de otra manera.
Mirar al otro con complejidad, incluso en su final más oscuro, nos da herramientas.
Porque crecer no es encontrar culpables.
Es reconocer dinámicas.
Es dejar de repetir historias.
Es dejar de buscar monstruos…
y empezar a mirar lo que no hemos querido ver de nosotros mismos.
📝 Ejercicio breve para mirar más profundo
Si alguna parte de ti sigue viendo a tu ex como el villano de la historia, te propongo esto:
No para justificar, sino para soltar.
Escribe una carta que empiece con:
“Te vi como un monstruo, pero ahora entiendo que…”
No es para enviarla.
Es para leerte a ti.
Hazlo con calma.
No para perdonar al otro, sino para reconciliarte contigo en esa historia.
🎧 Recomendación
Si este tema te hizo sentido, te invito a escuchar la colección de narcisistas en XpressoDoble.
En este conjunto de eipisodios hablamos sobre lo que aparece cuando se cae el velo del encanto, cómo fue que caímos… y lo que podemos hacer con eso para sanar.
💬 Preguntas para tu propio espejo
- ¿Quién eras tú antes de que todo se rompiera?
- ¿En qué momento también empezaste a cambiar?
- ¿Qué aprendiste de esa historia que todavía no habías querido ver?
Gracias por leerme hasta aquí.
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Nos seguimos leyendo.
Y recuerda:
Lo que no entiendes, lo repites.
Abrazo grande,
Germán.







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