Relatos Eróticos

El ritmo de la música es pegajoso…


El ritmo de la música es pegajoso…, aunque son las mismas canciones una y otra vez, en cada ocasión logran atraer al que las escucha por su cadencia y alegría, le llaman la reina, por su arribo a donde nadie había llegado antes en ese género musical, para mi es aun una desconocida, pero gracias a mi vecina, conozco cada una de sus canciones, a ella le encantan y no se cansa de bailar y cantar todas las mañanas al ritmo del Tex-Mex…

…Hace apenas unos meses que me he mudado al vecindario, al principio solo era amables buenos días o buenas noches, con el paso del tiempo, nos hemos ido conociendo un poco más, en ocasiones la he encontrado en la calle y le he dado el aventón a la tienda o a su casa, me pareció agradable desde el principio, un poco desubicada a veces, a sus escasos 20 años y casada con un hombre mucho mayor que ella y ya con una niña de 2 años, más la fama que se carga en el vecindario, no queda otra que comprenderla y aceptarla…

…Su cabellos son castaños, le llegan al hombro, sus labios gruesos y sensuales, unos ojos color café, medio rasgados que dan a su cara una singular belleza, su piel es trigueña desde la punta de los pies, pasando por sus bien torneadas piernas hasta llegar a la cabeza, gusta de vestir sexy, shorts ajustados con blusitas tops de colores, que apenas son capaces de contener dos grandes esferas que tiene por senos, también le gusta vestir minifaldas acompañadas de blusas escotadas, o bien pescadores con blusas agitanadas, le gustan los aretes grandes, usar collares y pulseras, su estilo no es fino, pero no tampoco llega a la vulgaridad, la línea es muy delgada, eso sí, llama la atención donde sea que se pare, las mujeres la miran con envidia y desdén,  los señores admirándole discretamente, los jóvenes con sus chiflidos y piropos, ella se deja querer y sonríe coqueta al caminar…

…Hoy es mi primer día de vacaciones de la escuela, no tengo nada que hacer más que estar en casa, leer, ver películas y retozar todo el día, son como las 10 de la mañana la música ya está a todo lo que da, me asomo al patio y veo a mi vecina tendiendo ropa, trae un short de mezclilla y un top a rayas de 2 tonos de violeta, su pelo agarrado con una liga permite ver su cuello y sus hombros cuando se pone a tender la ropa en el tendedero que está en la parte trasera de su casa, desde donde estoy la observo muy bien.

…La saludo como siempre y ella me devuelve el saludo con una sonrisa, me pregunta que hago en casa a esas horas y le comento que estoy de vacaciones de la escuela,  pregunta entonces por mi familia y le digo que han salido de la ciudad por una semana, así que tengo la casa para mi solo, está terminando de tender la ultima prenda que le restaba en la cubeta, y al terminar me pregunta si puedo hacerle un favor, le contesto que si, lo que se le ofrezca, me dice que necesita cambiar de lugar un televisor, pues el de la sala se ha dañado y su marido regresa hasta por la noche y desea ver las novelas, sonrío, haciéndole una broma al respecto y la acompaño al interior de su casa.

Después de cambiar el televisor de lugar, me ofrece un vaso con limonada, no hemos parado de charlar durante mi tarea de hombre  fuerte y se me hace natural sentarme en la sala a continuar la plática, además que resulta difícil negarse a continuar en tan bella compañía, ella se sienta en un sillón enfrente de mí, por lo que puedo ver sus piernas y su rostro al platicar, de alguna manera hemos empezado a hablar de ella, de lo que opino de su persona, me pregunta que si me gusta como se ve, a lo que le contesto que si, que me parece una mujer muy atractiva pero con un gran defecto, se sorprende y me pregunta cuál, haciendo un puchero coqueto, con mi sonrisa mas pícara le contesto que es casada, se ríe de mi broma, y hace un gesto como aliviada.

Terminamos con los vasos de limonada y me dispongo a retirarme, pues siento llevo ya buen rato ahí, y estoy empezando a imaginar cosas, por lo que le digo que me retiro, me dice que está bien, toma su vaso y el mío y los lleva a la cocina, la puerta de su cocina es por donde entré, por lo que al pasar por ahí para despedirme, la veo de espaldas dejando los vasos en el fregadero, me le acerco suavemente por atrás sin tocarla y le digo que gracias por la limonada y la plática, se voltea y coqueta me dice: porque te vas si apenas estamos entrando en confianza, nuestras bocas están a solo unos centímetros, el olor de su perfume entra hasta lo más profundo de mi cerebro y sin pensarlo demasiado la jalo hacia mí y le planto un beso, al principio sin mover los labios y al notar su aceptación, empiezo a besarlos con un poco más de entusiasmo, humedeciéndolos con nuestra saliva, con una mano sostengo su cabeza y con la otra acaricio su cadera, mi excitación la siente a través de mi pantalón, y me jala fuertemente hacia ella, soltando pequeños gemidos, nos besamos y acariciamos con el frenesí de los amantes furtivos.

Las horas de coqueteo han sido suficiente preámbulo, ella comienza a quitarme la ropa, mientras yo la empujo hacia la sala, con presteza le quito el short y la tomo con fuerza en la posición que mejor se prestan sus sillones, por momentos pienso en su marido abriendo la puerta, pero el placer de sus interiores me hace olvidarlo fácilmente, además añade un toque de aventura y riesgo a nuestra unión, ella me susurra cosas en el oído mientras la sostengo enfrente de mí, me habla de las ganas que me traía, y lo difícil que se le ha hecho encontrar el momento, me dice que le agradan mis caricias, que no pare de dárselas.

Sus caderas están sobre mí, he dejado de acariciarla, tan solo me abrazo a ella para sostener su espalda, el ritmo lo marca su cintura, la escucho decir que se viene y sus rítmicos y rápidos contoneos me excitan más, llevándome al límite de mis fuerzas, haciendo que un torrente salido de mi la inunde mientras me aferro a su espalda, nuestros cuerpos están empapados de sudor, en su frente se notan pequeñas gotitas de sudor, sus pechos húmedos brillan con la luz que se filtra por la ventana, sonriendo melosa, me dice que guardadito te lo tenias, yo pensaba que eras virgen.

Los días de mis vacaciones pasan entre películas, lectura y televisión durante la noche y encuentros apasionados con mi vecina durante el día, ahora lo hacemos en mi casa, es un poco más seguro, unas veces nos metemos debajo de la escalera que lleva al segundo piso, otras más lo hacemos en el sofá de la sala o  en el baño, su deseos sexuales rayan en lo insaciable, y solo mi juventud me saca a flote del compromiso.

Finalmente mis vacaciones terminan y con ello el romance con mi vecina, tan solo he sido uno más del barrio que ha caído en sus redes, ambos sabemos que se ha terminado.

A veces nos vemos en la calle y nos sonreímos, en su coqueta mirada y mi picara sonrisa escondemos el recuerdo de lo vivido.

Germán Renko

@ArkRenko
Autor del libro “Con las Alas en Llamas”
www.AlasEnLlamas.com

Acerca de Germán Renko

Escritor, Conferencista y columnista. Autor de: Con las Alas en Llamas. “Si no era Amor, era vicio. Porque jamás una boca me hizo regresar tantas veces por un beso”.

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