
Como gato patas arriba, debajo del agua
Ese momento después de una separación
Cuando me separé de la madre de mis hijos pasó algo que no le conté a nadie por mucho tiempo.
Durante unos meses seguimos viéndonos a escondidas.
Como psicólogo, y quienes han pasado por lo mismo lo saben, después de una separación llega ese momento en el que todavía quieres creer que quizá todo se pueda arreglar y volver a ser una familia.
Nos habíamos separado… y sin embargo el deseo había vuelto con una intensidad que no veíamos desde los primeros años.
El sexo tenía la intensidad de cuando éramos novios.
Salvaje, demandante, clandestino.
A veces estábamos en el auto y ella me decía:
—Vámonos a la casa, allá estaremos más cómodos.
Pero yo me resistía a seguirle el juego como gato patas arriba, debajo del agua.
Algo dentro de mí sabía que si la dejaba entrar otra vez a la casa… después no iba a ser tan fácil sacarla.
Y tampoco podía exponer a los niños a vivir una segunda despedida.
Y, sobre todo, porque en el fondo, aunque me costara admitirlo, yo sabía que nada había cambiado.
Ella seguía siendo la misma persona, con los mismos comportamientos que nos habían llevado a separarnos.
También sabía algo más, aunque ella lo negara: probablemente yo no era su única pareja sexual en ese momento.
Y eso volvía la situación una mezcla rara de deseo, miedo e incertidumbre.
Era como darle cuerda a un intento de reconciliación sabiendo que, tarde o temprano, esa cuerda iba a terminar ahorcándonos a los dos, a la última esperanza de volver.
Por otro lado, cuando coincidíamos con los niños yo era muy enfático:
nada de confianzas, nada de muestras de cariño.
Porque el impulso de tenerlas siempre estaba ahí… pero tenía clarísimo que los padres separados deben tener especial cuidado con mandar señales falsas a sus hijos sobre una posible reconciliación.
Los adultos podemos vivir ambigüedades emocionales.
Los hijos no deberían tener que vivir dentro de ellas.
A veces, las parejas que nos separamos no seguimos viéndonos porque todavía nos amamos.
Seguimos viéndonos porque todavía no aceptamos que ya se acabó.
Y durante esos meses yo estaba exactamente así:
como gato patas arriba, debajo del agua.
Defendiéndome… de lo que todavía deseaba, pero nada bueno traía a mi vida.
Esa etapa de la que casi no se habla: la negociación
Lo que viví en esos meses también tiene un nombre dentro del proceso de duelo: negociación.
Es esa etapa en la que una parte de ti ya sabe que la relación terminó… pero otra sigue intentando encontrar la forma de que no sea así.
No siempre es consciente. A veces se disfraza de encuentros “casuales”, de conversaciones pendientes, de intimidad que parece reabrir posibilidades.
La negociación no siempre suena a “vamos a intentarlo otra vez”, a veces es seguir viéndose, seguir teniendo relaciones, seguir dejando una puerta entreabierta.
Y es una etapa de mucha confusión, porque se mezcla el deseo con la esperanza, la memoria con la fantasía, lo que fue con lo que uno quisiera que todavía pudiera ser.
En mi caso, la terapia fue determinante para poder ver esa etapa sin romantizarla.
Me ayudó a entender que no todo lo que sientes tienes que mantenerlo o seguirlo.
Que desear sexualmente a alguien no significa que la relación funcione.
Y que a veces cerrar de verdad implica dejar de alimentar esos pequeños espacios donde la relación parece seguir viva, como el sexo, seguir hablándose o procurarse apoyo emocional.
También me permitió ver que no se trata de juzgar lo que uno hace en ese momento, sino de comprenderlo. Porque cuando alguien se queda en esa fase no es por falta de fuerza de voluntad, sino porque hay una parte emocional que todavía no ha podido soltar la historia.
Y eso, muchas veces, necesita más que fuerza, necesita ser entendido.
Por eso la terapia no solo me ayudó a salir de ahí, me ayudó a no repetirlo.
Y esa es la diferencia entre atravesar un duelo…
o quedarse atrapado en él.
Si te encuentras en la negociación, esa etapa de la que casi no se habla, la terapia puede ser un espacio para poner en orden tus emociones y tus pensamientos, en donde hallar la claridad y decidir lo mejor para ti y tus seres queridos. Agenda cita.
Despedida
Gracias por leer hasta aquí 🙏
Escribo estos artículos para acompañar tu búsqueda de crecimiento.
Si crees que puede ayudar a alguien más, compártelo; a veces un texto es el primer paso hacia una mejor realidad.
Si algo de lo que leíste te movió, te incomodó o te hizo pensar distinto, me gustaría leerte. Déjame un comentario.
Por último, me encuentras en X con mi nombre y también puedes escucharme en XpressoDoble, junto a Eva, donde mientras el mundo corre, ahí elegimos detenernos para pensar lo que sentimos.
Con cariño,
Germán Renko
Psicólogo y terapeuta de pareja






Deja un comentario