
A los psicólogos también nos hacen ghosting
Lo que muchos pacientes no saben cuando desaparecen sin despedirse
Y se siente feo que alguien con quien construiste un vínculo, terapéutico, pero vínculo al fin, desaparezca sin una explicación, deje de responder tus mensajes y se vaya sin despedirse, sin que puedas saber la razón ni cerrar el vínculo.
Tal vez esto te suene familiar si alguna vez alguien desapareció de tu vida sin explicación.
Me acuerdo la primera vez que una paciente dejó la terapia. Lo hizo después de la primera sesión, justo antes de la segunda cita. Simplemente me dijo: creo que este tipo de terapia que manejas no es lo mío.
Recuerdo que me afectó mucho su rechazo y su crítica velada. Lo platiqué con mi psicóloga, una adorable señora con 30 años de experiencia, que intentó ayudarme a entenderlo y tranquilizarme.
Me dijo: A los psicólogos nos pasa todo el tiempo. La gente simplemente deja de presentarse sin darte una razón. He perdido la cuenta de las veces que me ha pasado, pero igual sigue afectando. Aunque con los años el impacto es menor y uno aprende a sobrellevarlo como un gaje del oficio.
Claro que hay quienes sí se despiden, pero los que desaparecen dejan una sensación que puede ir desde el rechazo y el dolor hasta la culpa o el enojo. Porque antes que psicólogos, somos seres humanos. Y también nos duele sentirnos rechazados, desaprobados o abandonados, como pasa en cualquier otro tipo de relación.
Pero la gente se va por muchas razones, me explicó, y muchas no tienen que ver contigo o con tu forma de trabajar.
- A veces se van porque no están listos y sienten que no van a poder hacerlo.
- A veces por cuestiones económicas, de las más comunes.
- Porque surgió una situación en su vida y no pudieron continuar.
- Porque se abrió una puerta en terapia y no les gustó lo que encontraron detrás.
- Porque llegaron a un punto en el que ya saben lo que tienen que hacer y eso implica tomar decisiones que no quieren tomar.
- Porque esperaban otra cosa: una solución mágica, que alguien les dijera qué hacer y cómo resolver sus problemas.
- También hay pacientes que desaparecen por vergüenza.
- Porque recayeron en una conducta que habían prometido cambiar.
- Porque volvieron a una relación que sabían que les hacía daño.
- Porque sienten que decepcionaron al terapeuta.
Otros se van porque en terapia aparecen emociones difíciles: enojo, frustración o decepción. A veces incluso con el propio terapeuta. Y en lugar de hablar de eso, simplemente se van.
Y también están los que simplemente desaparecen porque no les caíste bien o porque tu estilo de trabajo no era lo que buscaban.
Para quien hace ghosting parece una salida fácil. No hay que dar explicaciones, no hay que pasar por una conversación difícil, basta con dejar de responder. Incluso hay quienes se convencen de que así lastiman menos.
Pero para quien se queda del otro lado, la experiencia puede ser muy distinta. El ghosting toca fibras profundas: activa la sensación de abandono, lastima la autoestima y deja a la persona dando vueltas en preguntas que nunca tienen respuesta.
¿Qué hice mal?
¿Dije algo que no debía?
¿Fui demasiado intenso o demasiado poco?
Es curioso cómo la mente intenta llenar el silencio con culpa.
El ghosting evita una conversación difícil, pero deja un silencio mucho más complicado de procesar.
Hoy esta práctica es cada vez más común, sobre todo en las relaciones que pasan por pantallas. La distancia y la falta de contacto humano hacen que desaparecer sea mucho más fácil. Como si el otro no tuviera un corazón donde también se sienten las cosas.
Con la experiencia entendí mejor lo que mi psicóloga me dijo ese día.
Muchas de las personas que se van sin despedirse están haciendo lo único que saben hacer en ese momento: evitar lo que incomoda, no enfrentar la conversación difícil, no hacerse cargo de cerrar un ciclo.
A veces, cuando una persona se acerca a un tema que le duele mucho, su primera reacción no es hablar de eso. Es irse.
En el fondo, muchas veces para eso venían a terapia.
Porque alguien que le hace ghosting a su psicólogo no solo está saliendo de un proceso. Muchas veces también está mostrando una dificultad emocional muy precisa: evitar conversaciones difíciles, no enfrentar lo que duele o no saber cómo cerrar un ciclo.
Y las consecuencias de esa falta de recursos, aunque duela reconocerlo, también son parte del trabajo que hacemos los psicólogos.
Aprender a entender incluso las despedidas que nunca sucedieron.
Con los años descubrí un patrón curioso: muchas personas que desaparecen un día, tiempo después vuelven a escribir. A veces meses después, a veces años. Y casi siempre dicen lo mismo:
“Perdón por haber desaparecido.”
Eso pasó con mi primer paciente que dejó la terapia luego de su primera sesión. Al tiempo reapareció y me dijo: me fui porque efectivamente soy más de terapias alternativas, pero también porque no quería ver que mi relación se estaba cayendo a pedazos, todavía no estaba lista. Aun así, nos separamos un año después de haber ido contigo.
Aunque me tomó tiempo procesar su deserción, se lo agradecí, porque vino a confirmar lo que me había dicho mi psicóloga: probablemente no tuvo que ver contigo o tu forma de trabajar.
A los psicólogos también nos duele el ghosting. Por favor, no lo hagan.
Despedida
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Con cariño,
Germán Renko
Psicólogo y terapeuta de pareja







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