Cuando una infidelidad rompe algo más que la pareja

El dolor no aparece solo por el engaño, sino por las preguntas que se meten en la cabeza

Muchas mujeres llegan a consulta atravesando una crisis que las sacude por completo después de descubrir una infidelidad, tras años de matrimonio o de relación estable. No llegan solo por lo que pasó, sino por lo que se les rompió por dentro.

El dolor no aparece solo por el engaño, sino por las preguntas que se meten en la cabeza y no dan tregua, ni de día ni de noche. Vuelven una y otra vez, incluso cuando nadie más las escucha.

¿Por qué lo hizo, si decía amarme?
¿Por qué no le importó todo lo que podía destruir?
¿Cómo no me di cuenta antes?
¿Qué tiene ella que yo no tengo?
¿En qué momento dejó de ser suficiente lo que éramos?

Y hay una más, casi siempre silenciosa, pero profundamente dolorosa:
¿En qué fallé yo?

Estas preguntas no buscan una respuesta que de verdad las calme, aunque así lo crean. En realidad, cada intento de respuesta suele abrir nuevas dudas. Aparecen cuando el piso emocional desaparece y la mente intenta entender cómo algo que parecía seguro dejó de serlo.

Lo que suele pasar después es un estado de desarme interno. La mujer empieza a dudar de su criterio, de su intuición, de su valor personal. Revisa el pasado con lupa, busca señales, errores, momentos que expliquen lo ocurrido. Y muchas veces, sin darse cuenta, termina colocándose a sí misma como responsable de algo que no podía controlar.

Aquí es donde suele aparecer una confusión importante: se piensa que el dolor viene solo de la infidelidad. Sin embargo, lo que realmente se rompe es algo más profundo. Cuando ocurre una traición, no solo se quiebra un acuerdo de pareja; se rompe la historia con la que una mujer se explicaba su propia vida.


Se cae la narrativa de haber elegido bien, de haber construido algo sólido, de estar en un lugar seguro. Y cuando esa historia se desmorona, también se tambalea la identidad. Ya no queda claro quién se es dentro de este nuevo escenario, ni desde dónde volver a pararse.

Por eso, el trabajo terapéutico no va de olvidar ni de perdonar rápido. Va de acompañar un proceso de duelo que no siempre es evidente: el duelo por la relación, pero también por la versión de sí misma que existía dentro de ese vínculo.

Sanar implica desarmarse y volver a armarse, con menos culpa y más conciencia. Implica revisar creencias, expectativas, lugares ocupados y costos emocionales que antes se normalizaban. No para castigarse, sino para entenderse.

Con el tiempo, y a su propio ritmo, muchas mujeres empiezan a construir un nuevo sentido de vida. A veces sin pareja, al menos por un tiempo. Pero no desde el vacío, sino desde una mayor claridad sobre quiénes son, qué necesitan y qué ya no están dispuestas a negociar.

Este proceso no es rápido ni cómodo. Pero suele ser profundamente transformador. Porque no se trata solo de sobrevivir a una traición, sino de reconstruirse desde una relación más honesta consigo misma.

En mi experiencia profesional, el acompañamiento no es una pastilla que quita el dolor ni una fórmula para “estar bien” rápido. Es un espacio que ayuda a darle sentido a ese dolor, a entender qué se rompió, qué duele de verdad y desde dónde volver a armarse.
A veces, eso es suficiente para que empiece a acomodarse por dentro aquello que la infidelidad desordenó.

Si este proceso es el que hoy estás atravesando y sientes que necesitas acompañamiento profesional, puedes solicitar una consulta conmigo. 👉Quiero dar este paso.

Despedida

Gracias infinitas por leer 🙏.

Cada artículo que escribo lo hago pensando en que llegará a ti, la persona que lo necesitaba y le sacará provecho.

Si quieres ayudar a alguien, compártelo; puede ser lo que necesita para empezar su transformación.

Me encuentras en X como @ArkRenko y escuchar hablo en XpressoDoble a lado de con Eva — un espacio para hablar largo y tendido de lo que nos remueve el alma y el corazón.

Con cariño,

Germán Renko
Psicólogo y terapeuta de pareja

No olvides también estas lecturas:

Deja un comentario

En tendencia