
Carta a mi hija
Para que el amor no solo se sepa, sino que se sienta
Carta a mi hija
Mi amor, hay algo que quiero decirte con calma y con mucho cariño. A mí me encanta que me digas que me amas, en serio. Cada vez que lo haces, lo recibo con el corazón agradecido.
Y también quiero enseñarte algo importante, algo que te va a servir no solo conmigo, sino con todas las personas que ames a lo largo de tu vida. El amor no vive solo en una frase, el amor también se siente en lo que hacemos.
Hay personas que entienden el amor de distintas maneras, no todos lo sienten igual. A eso se le llama los lenguajes del amor. No son complicados, son cosas muy humanas, muy cotidianas, y tú ya haces algunas sin darte cuenta.
Quiero explicártelos con ejemplos sencillos.
El primero son las palabras de afirmación. No es solo decir “te amo”, también es decir qué amas o qué valoras del otro. Frases como: me encanta cuando me preparas chilaquiles en salsa verde, gracias por acompañarme de compras, me gusta mucho cuando me ayudas a hacer las tareas, o me doy cuenta de tu esfuerzo para prepararme desayuno antes de irme a la escuela o de llevarme a todos lados.
Las palabras tienen poder. Cuando reconoces al otro, lo haces sentir visto, valorado e importante.
El segundo son los actos de servicio. Amar también es hacer cosas por el otro, incluso las pequeñas. Prepararle el desayuno a tu papá, ayudar en algo sin que te lo pidan, barrer o limpiar sin que te lo pidan porque sabes que así le quitas una tarea a tu papá, o acercarle agua, un dulce, algo que sabes que le gusta.
Son gestos simples, pero dicen: pensé en ti.
El tercero es el contacto físico. Un beso en la mejilla, un abrazo sincero, acariciarle el cabello, quitarle una pelusa de la ropa, acomodarle los lentes, darle un apretón de mano o una palmada en el hombro. El cuerpo también habla, y a veces un solo gesto dice más que mil palabras.
El cuarto es el tiempo de calidad. Estar con alguien de verdad, no solo hablar de lo que a ti te interesa, sino también interesarte por lo que le importa al otro. Preguntarle por qué le gusta su música, qué piensa de algunos temas, acompañarlo a lavar el coche o ir juntos de compras al súper. Ver una película juntos, platicar sin prisas.
El amor se siente cuando alguien te regala su atención.
El quinto son los regalos. Y no hablo de cosas caras, sino de una carta, un dibujo, un meme que te recordó a esa persona. Cualquier detalle que diga: me acordé de ti.
Quiero que sepas algo importante. No te digo esto para corregirte ni para cambiar quién eres. Te lo digo porque tienes un corazón grande y porque quiero que me conozcas y sepas cómo hacerme sentir que me quieres. Yo lo sé, sé que me quieres, pero me gusta sentirlo; saberlo y sentirlo son cosas distintas. Algunas veces, no saber interpretar bien lo que hacemos y sentimos nos ha lastimado como familia, y me gustaría que contigo aprendamos a hacerlo distinto. Aprender a demostrar lo que sientes es una forma de cuidar a quienes amas y también de cuidar tus relaciones en el futuro.
Decir “te amo” es hermoso, pero cuando el amor se acompaña de acciones se vuelve más fuerte, más claro, más valioso y más real.
Yo te amo tal como eres, y me siento muy orgulloso de la persona en la que te estás convirtiendo. También quiero que algún día construyas relaciones profundas y duraderas con los hombres que se crucen en tu camino, y eso empieza en cómo aprendes a querer y a relacionarte conmigo, que soy tu papá. 💛
Nos leemos en la próxima entrega.
Germán







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