La Columna de Renko

LOS MALOS PASOS – Parte I


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  “Qué fácil es señalar de culpable al infiel, pero hasta para lanzarse al abismo se necesita estar huyendo de algo peor.

 Preámbulo

Hace unos días estaba sentado en un restaurante, cuando vi entrar a una mujer con un vestido ligero y con el vuelo por encima de la rodilla. Volteé justo a tiempo a una de las mesas que le quedaban de paso para captar cómo dos hombres se la comieron con la mirada con más voracidad que a la comida que tenían en frente. Mi vista era privilegiada, podía ver a la chica dirigiéndose hacia donde yo estaba y a la vez podía captar la mirada torva, codiciosa y lasciva de uno de los varones, que la siguió todo el tiempo posible. El otro individuo solo le dirigió una mirada rápida y discreta y continuó platicando como si nada. La mujer se sentó en una silla y podría jurar que en su piel sintió los pasos de cada depredador que la barrió como si fuera una pieza de subasta. A veces pienso que nuestra sociedad latinoamericana está enferma, cada vez son más los hombres que padecen el mal del escáner visual. Para toda mujer, la mirada penetrante e inquisitiva de los hombres es una sensación incómoda a la que deberá acostumbrarse desde que entra a la pubertad. Si los hombres están solos, sus miradas son más prolongadas y descaradas, si están acompañados, son fugaces y prudentes, pero difícilmente ausentes.

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Muchos de nuestros hombres están enfermos y no hay nadie que pueda hacer algo al respecto. Digo que esto es un padecimiento porque es un hábito que empieza inocentemente, después se convierte en un reflejo automático y cuando menos se piensa, se ha vuelto una compulsión dura de erradicar. Ésta es una costumbre parecida al hábito de ver a la gente con la que nos cruzamos al caminar o cuando conducimos. Ese hábito inconsciente de compararnos con los demás, de ver qué les falta, qué les sobra, si están feos o bonitos, si se ven más o menos jodidos que uno, si su carro es nuevo o una carcacha, si se ven felices o amargados, tantas y tantas evaluaciones que hacemos en microsegundos y de manera subconsciente. Pero el peor de todos los hábitos, es el de escudriñar sin el mínimo respeto a las mujeres. Pobrecitas nuestras niñas y jovencitas que aparte de ser el llamado “sexo débil”, también tienen que ser el postre de los mirones. Pobrecitas nuestras mujeres que deben limitar su feminidad, su forma de vestir y sus ganas de sentirse lindas porque invariablemente deberán soportar las miradas de decenas de lobos hambrientos de piel femenina, o peor aún, deberán enfrentar con estoicismo sus aullidos, sus leperadas, su doble sentido, sus “piropos” y el acoso sexual pasivo o activo en el trabajo.

Si pudiéramos revisar en la mente de los hombres para determinar qué buscan cuando examinan a una mujer, sabríamos que quizá lo que buscan es una satisfacción momentánea a una necesidad inconsciente, es decir una necesidad de la que ni siquiera están enterados. Esta necesidad podría ser de reafirmación de su género, ver al otro género les recuerda y confirma el propio; de estímulo sexual, ver, percibir e imaginar, acelera su libido y alimenta sus fantasías sexuales; natural, los científicos afirman que el cerebro masculino tiene un área de búsqueda sexual 2.5 veces mayor que el femenino; física, la testosterona está 6 veces más presente en los hombres y es la responsable del impulso sexual, a mayor presencia de esta sustancia, más mirón o más ardiente; estética, el poder que tiene lo visual para atraer a los hombres es innegable e inevitable, un hombre heterosexual necesita un enorme poder de voluntad para no mirar a una mujer en bikini o ropa sexy y muy pocos hombres lo tienen, ni siquiera lo más amorosos, fieles y tranquilos.

Quizá el ver de manera fugaz a una mujer sea algo que está en su naturaleza, pero retener la mirada por mucho más tiempo del prudente, eso no es natural. Es en esa delgada línea donde un hábito inocente se transforma en compulsión y ya no basta con ver solo a las mujeres atractivas, sino que es necesario escanear a cualquiera que se cruce en su camino, como robots, como zopilotes. En ese punto es cuando empieza el problema, cuando la mirada se viste de codicia, de lascivia y la actitud pasa de mirón a acosador pasivo. Esto continúa en otro tenor en el tema de la columna.

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LOS MALOS PASOS
La infidelidad, esa cuarteadura que derrumba relaciones.

A una mujer le disgusta que su pareja vea a otras mujeres por tres razones:

  1. Sentir que las están comparando constantemente con otras mujeres y que las encuentre más atractivas que ella.
  2. Piensa que su hombre está insatisfecho con ella; lo que le provoca el temor subconsciente que la abandonará por otra.
  3. Está segura que él seguirá pensando y fantaseando en la otra mujer mucho después de haberla perdido de vista.

La realidad en estas situaciones es que un hombre olvida en cuestión de segundos a cualquier mujer que haya visto, por más atractiva que le haya parecido. Tampoco mira a otras mujeres para compararlas con la suya, sino porque simple y sencillamente… ¡son mujeres! Y los hombres adoran ver mujeres, especialmente si son desconocidas y atractivas. Y por ultimo, aunque encuentre atractivas a otras mujeres, está con su mujer porque la quiere, la desea y la ama (y porque es suya), por lo tanto, todas esas demás mujeres son solo posters urbanos, parte del paisaje diario, un espectacular en movimiento al que dedica solo segundos y rápidamente lo borra de su memoria, para concentrarse en lo que estaba haciendo antes de la interrupción visual.

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En columnas pasadas he manejado la idea que: “nada jode más al Amor que las expectativas y las necesidades. En cuanto se empieza a decir “yo necesito”, “yo espero” todo se va al carajo”. Desde mi punto de vista masculino, la infidelidad en el hombre es un asunto de necesidades, más puntualmente, de la consciencia de estas necesidades. Un hombre que no se ha percatado de sus carencias, es un hombre feliz o infelizmente ensimismado en su despiste. Pero qué difícil resulta para un ente con el instinto sexual tan desarrollado como el hombre no darse cuenta que en su relación de pareja no se siente sexualmente satisfecho, quizá le resulte más difícil detectar cuando no está satisfecho emocionalmente y hasta lo pueda sustituir, sin darse cuenta, con el trabajo, un pasatiempo o un deporte, incluso con alguna amistad de cualquiera de los dos sexos que le brinde soporte y compañía. Pero cuando el problema tiene su origen en lo que no recibe en la cama, sus ojos de radar empiezan a buscar inconscientemente una sustituta para su pareja. Pueden pasar meses o años antes de que la idea de la infidelidad cruce por su mente en forma consciente por primera vez, pero inconscientemente, es una semilla que quedó sembrada en su cabeza desde la primera vez que se masturbó a solas y a escondidas de su pareja para obtener la satisfacción sexual que ésta le niega, le escatima o no le da en la regularidad que su cuerpo requiere.

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Hannibal Lecter, el personaje inmortal de Tomas Harris dice: “comenzamos a codiciar lo que vemos todos lo días”, una idea tan verdadera como peligrosa. Porque un hombre con insatisfacción sexual empezará a codiciar lo que, en las penumbras de su mente, su subconsciente le apunta con un dedo: mujeres, cientos de mujeres por todos lados que abrigan la posibilidad de sexo; o quizá sea solo a una mujer en particular, una a la que observa a diario en el trabajo, en el café camino a casa, en la caja del banco o el supermercado, en el parque o el gimnasio, o en cualquier lugar al que acuda de manera regular. Ese lobo salvaje que habita detrás de sus pupilas de hombre domesticado olfatea el aire desde su escondite en busca de una presa o está a la espera de una oportunidad para saltarle al cuello a su cómplice de aventura. Las mujeres casadas deberían sentir temor de este tipo de mujeres, las que sus hombres ven a diario y que representan una oportunidad para remplazar la atención sexual que en casa no le están dando a su hombre. No me cansaré de repetirlo, si el Amor es cosa de dos, el sexo también lo es. Importa un pepino que sus necesidades de sexo sean distintas, ambas necesidades deben ser satisfechas en ambos miembros de la pareja, en tiempo, forma y cantidad, para que se mantenga el sentido de equilibrio necesario para la paz y el ciclo del Amor no se vea interrumpido.

Por otro lado, un estudio reciente apunta que la mayoría de los hombres infieles padecen intensamente de remordimientos, una profunda carga moral y arrepentimiento por su engaño. Durante la terapia de parejas, muchos hombres reconocen no haber disfrutado, más allá del momentáneo desahogo sexual, las relaciones extramaritales por el sentimiento de culpa tan grande que aparece por engañar a su esposa. Una culpa tan grande que puede ir desde la angustia constante y el insomnio hasta la disfunción eréctil o la incapacidad para lograr el orgasmo. Muchas esposas engañadas imaginan a los hombres dándose la gran vida con “la otra”, pero jamás creerían que su marido sufre al engañarlas y que si por él fuera, no tendría necesidad de hacerlo. Por supuesto, ninguna mujer va a reconocer que fue mezquina en el sexo, ni admitirá que nunca lo ha visto como una necesidad básica como comer o dormir; la mayoría de las mujeres culpará al hombre por su debilidad para controlar sus instintos, de convenenciero y de pito fácil; difícilmente, una mujer engañada reconocerá que pasaron años antes que su marido tomara la resolución de buscar en otra mujer la satisfacción que ya no encontraba en casa; mucho menos otorgará algún valor al sacrificio que ese hombre hizo por años de elegir la masturbación en vez de lo que la sabia naturaleza dicta: buscar a otra hembra; tampoco entenderá que ese hombre la ama a tal grado que en vez de dejarla y recuperar su libertad, se auto-castiga con recriminaciones constantes y se niega la oportunidad de disfrutar lo que por fin tiene a su alcance.

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Así las cosas, tenemos por un lado, al animal salvaje dispuesto a cogerse a la mujer que se le presente en el oportunidad ideal y por otro lado, está el hombre civilizado al que le han dicho que la infidelidad es pecado mortal y que solo puede tener sexo con su pareja, cuando ella quiera y si no quiere, pues se aguanta, así sea una vez por mes o cada seis meses (he sabido de casos), porque el matrimonio es un plan de vida que incluye poco sexo, muchas obligaciones y casi nada de tiempo libre o diversión. Ambas naturalezas conviven, pelean y se alejan dentro del mismo hombre, instinto y racionalidad. Para pocos hombres resulta fácil engañar a su mujer; tampoco es tan placentero como podría aparentar serlo; la mayoría de los hombres infieles que han sido atrapados se muestran arrepentidos y preferirían nunca haber llegado a ese extremo de necesidad, debilidad y abandono. Los hombres no son el sexo fuerte, no cuando se trata de sexo, de compañía y de apoyo. Si usted, adorable mujer casada de muchos años, cree que su hombre tiene en casa el sexo que se merece, entonces usted va a tener también los cuernos que se merece, por su egoísmo, falta de empatía y mezquindad. Si por el contrario, usted es de las que cree que su marido tiene todo el sexo que necesita, porque usted así lo estipula, entonces vaya y pregúntele: “¿cariño, cuántas veces te has masturbado desde que estamos casados?”. Si acaso, usted es de las mujeres que ya han sido engañadas por su pareja y esta sigue a su lado, pregúntese, ¿se fue de la casa? ¿Dejó de mostrar cariño y preocupación por usted? ¿Se volvió desobligado y menos amoroso con su familia? Las respuestas son para ustedes. Ojo, no hablo de todas las mujeres del mundo, ni siquiera de toda las engañadas o propensas al engaño, ni de todos los hombres infieles o insastifechos. Únicamente de aquellos que caen bajo las circunstancias descritas. Por lo que este tema continuará en una próxima columna.

Continuará…

Germán Renko

Nota del autor: todos sus comentarios son bienvenidos y se agradecen, pero están sujetos a aprobación por lo que aparecerán publicados y serán respondidos tan pronto sanen las heridas de sus pedradas.

Germán Renko @ArkRenko
Autor del libro “Con las Alas en Llamas”
www.AlasEnLlamas.com

Otras lecturas recomendadas:
La era del miedo y la incertidumbre en el Amor.
Química sexual, cachondeo y otros animales salvajes.
Las Reinas del hielo y los Témpanos emocionales

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Acerca de Germán Renko

Escritor, bloguero y tuitero. Autor de: Con las Alas en Llamas. “Si no era Amor, era vicio. Porque jamás una boca me hizo regresar tantas veces por un beso”.

Comentarios

16 comentarios en “LOS MALOS PASOS – Parte I

  1. Querido Renko tu punto de vista es interesante por diferente… No estamos acostumbradas a ser responsabilizadas de las conductas de nuestros maridos.. Cuesta reconocerlo pero sobran razones para considerar válidos tus argumentos. Gracias por aclarar la mente y aliviar el corazón.

    Publicado por Judith B | 2, septiembre, 2015, 9:56 pm
  2. Sinceramente en algunas cosas estoy de acuerdo, por ejemplo; comparto contigo mi querido Renko la idea de que se debe de satisfacer por igual las necesidades de los dos miembros de la pareja. Pero en algo no coincido, no sólo las mujeres negamos ese delicioso sabor de boca, senos, nalgas y más que es el sexo, también los hombres lo hacen. A mis escasos 19 años de vida se lo que es una infidelidad y lo que se siente que “tu hombre” no quiera deleitarse y saciarse de tu delicioso cuerpo.
    Las mujeres llenas de pasión también necesitamos satisfacer necesidades en el sexo, en la compañia y en todo, queremos a un hombre que pueda complacer cada necesidad que tengamos, porque, hombres entre más satisfacción nos brindan, más nos esmeramos por satisfacerlos a ustedes. Así que señores casados preguntense, ¿Que tan satisfecha tengo a mi mujer?

    Publicado por Señorita Indecente | 2, septiembre, 2015, 10:09 pm
  3. Reblogueó esto en Algo y Mas.

    Publicado por Argenis | 2, septiembre, 2015, 10:10 pm
  4. Te aplaudo por tan deslumbrante sinceridad.

    Publicado por Gemina Martinez | 2, septiembre, 2015, 10:22 pm
  5. Tema tan controversial, difícil y hasta egoísta. Los hombres tienen un gran problema interno, su lucha entre lo moral y correcto ante la sociedad en la que viven y su verdadero Yo que nunca logran destapar. Algunos encuentran esa pareja deseada, aquella que los satisface de tal manera inigualable, pero por el que dirán prefieren casarse con la que tenga menos experiencia, no sé si llamarle machismo, ya que es una actitud muy conveniente para ellos, porque es lindo tener en casa a la mujer pulcra y buscar de vez en cuando a aquella que le da lo que la otra no sabe darle… pero que triste miro a esos hombres encerrados en si mismos, siempre temerosos de mostrarse como son, fingiendo la vida perfecta preocupados siempre por el qué dirán… se acostumbraron a vivir ocultos por miedo o conveniencia, autocastigandose para siempre. Quisiera conocer un hombre auténtico en esta vida… que sepa disfrutar sin esconderse de todo aquello que le apasiona, sobretodo de una mujer, lo que más les gusta a ellos, la que más led guste a cada uno. Mi querido Renko gracias por tu columna, las mujeres que somos auténticas también queremos vivir al máximo nuestra sexualidad sin ser mal juzgadas… encontrar aquel alma gemela para nuestro cuerpo. Te mando un beso fiel!

    Publicado por lis | 2, septiembre, 2015, 11:16 pm
  6. que sucede cuando el hombre lo tiene todo? porque decide ser infiel? cuando tiene una mujer que lo ama, que se entrega por completo y lo complace en todo, que sabe ser amiga, esposa, madre y buena amante.

    Publicado por luna | 3, septiembre, 2015, 12:32 am
  7. Interesante punto de vista y muy cierto. Pero creo que como todo, tiene sus excepciones.
    No me aparto de que el hombre sea un ente romántico aparte de sexual y ciertamente serán “fieles” en la medida en que nosotras seamos complacientes. Me ha dejado meditando y elucubrando infinidad de cosas este artículo en el sentido de qué ha pasado entonces en aquel hombre que necesita de infinidad de amigas sexuales (y cuando digo infinidad me limito a al menos una cinco o seis aparte de esposa y amante) es tal el vacío al que ha llegado que nada lo llena? O el sexo es tan ordinario para él que no importa con quien lo haga mientras cumpla con sus obligaciones de esposo y a la amante la tenga contenta con regalos?
    Ciertamente la mujer en muchos de los aspectos en una relación es directamente culpable de lo que pasa, obviamente no toda la culpa es de ella… Ojalá querido Renko puedas ayudarme a esclarecer el misterio que a mi mente embarga.

    Publicado por Le Moire | 3, septiembre, 2015, 11:16 am
  8. Germàn, creo que es la primera vez en la que no me siento en total acuerdo con tus aseveraciones. Las mujeres por naturaleza, somos muy dadas a amar y a complacer a nuestra pareja, aunque no nos correspondan de igual manera ya sea en el amor, en la pasión, en la cama, y en otros aspectos. Sin embargo, nos mantenemos estoicas, suspirando y contando hasta 10 para no mandar todo al carajo. Me pregunto si ese arrepentimiento del que hablas que sienten los hombres se da cuando sin ninguna razón engañan a sus esposas, a pesar de que estas no fallan en nada. Te digo algo, los hombres son mujeriegos por naturaleza y eso mi querido Germán, no se podrá cambiar jamás. Claro que existen excepciones de hombres respetables y fieles, pero no por eso puedo tapar el sol con un dedo. Esta vez, espero que no seas tú quien me lances tomatazos…jajaja…Como siempre te mando besitos dulces y abrazos de oso.

    Publicado por Yeni Varela | 3, septiembre, 2015, 9:18 pm
  9. osea q es culpa nuestra q ellos sean infieles,jajaja los hombres son infieles x naturaleza no solo xq una no les de lo q piden ellos asi uno les de, les de, y les siga dando ellos en cualquier momento las hacen e oido de los q dicen q c aburren de todo el tiempo lo mismo,tal parece q no c sastifacen con nada o de ninguna manera con nada…..pregunto xq tiene una y otra y siguen buscando,q quieren encontrar mas q ese momento instantaneo de placer,como hay otros q tienen su “matrimonio” y una amante digo amante de cama esa q llena las expectativas q la esposa x cansancio,trabajo,o cualquier cosa no esta para complacer sus necesidades y si lo hace es algo tan normal eso dicen ellos,,,no se…..

    Publicado por ana judith | 4, septiembre, 2015, 4:59 am
  10. Supongo que nadie es perfecto. Acostumbro a acariciar su punto de vista por sincero y novedoso pero esta vez nada más lejos de lo segundo.
    Puede que las mujeres se desgañiten despotricando contra el infiel de su marido y la vida que se pega con “la otra” pero por las noches, contra la almohada lloran e intentan rehacerse a ellas mismas porque en el fondo no dejan de culparse, porque la sociedad las ha educado para complacer a su marido y si fallan en eso es cosa suya, así que, desde el más profundo respeto, su punto de vista no dista tanto de la frase que he oído tantas veces y que no deja de revolverme el estómago cuando alguien dice: “Su marido/pareja la ha engañado” y el machista de turno contestá “Algo habrá echo.”
    Pero en el tema de preguntas estoy de acuerdo, la solución es la comunicación, desde mi punto de vista, porque no creo que las mujeres sean unas dictadoras del sexo y porque para nosotras tambien es un delicioso manjar. A lo mejor habría que preguntarles a ellas por qué no tienen ganas ya que, como usted mismo dice, el sexo es cosa de dos. Con esto no pretendo pasarles el testigo de la culpa al otro sexo, pero en nuestras ganas tambien influye el contexto de alrededor: si estamos agobiadas, extresadas, cansadas o muchas otras variables y la pareja no tiene porque ser la causa pero como en todos aspectos de la relación le acaba repercutiendo. Como digo, yo creo que hablar las cosas es la clave.

    Publicado por LuzIntermitente | 4, septiembre, 2015, 5:36 am
  11. Muy bueno tu análisis y comentarios , pero solo te enfocas en la infidelidad masculina y que hay de la femenina. Cuando los hombres no se dan el tiempo de cuidar a su pareja o aquellos que no la consideran y luego lloran cuando les han engañado. La mujer también tiene necesidades afectivas,de amor y claro sexuales.

    Publicado por Berenice rodriguez | 19, septiembre, 2015, 1:05 pm
  12. Mire que me inspiré escribiendo y al ingresar mi cuenta lo borré… en resumen le decía que afortunadamente aun se le puede encontrar en este rincón tortuoso ya que no da señales de vida en Facebook y Twitter, lo cual es como si fuera un alcohólica en plena rehabilitación, yo, su stalker y sin sus letras!! Aproveché tambien para leer su blog, le comentaba que había sido muy sutil para hablar de la infidelidad masculina, sin embargo debo confesar, aunque me ponga en evidencia, que alguna vez me enamoré y mantuve una relación con un hombre casado, y estoy de acuerdo que la mujer también debe satisfacer esa necesidad de los hombres por mirar, porque se toman muy apecho el rol de madre y ama de casa, lo cual también soy además de ser profesionista, y me decepcionó mucho conocer en fotos a la “dueña de sus quincenas “, por su desarreglo personal. Jamás habló mal de ella ni la criticó en ningún aspecto pero te das cuenta que es verdad lo que señalas, los hombres buscan fuera lo que se les niega en casa, y eso también implica atención, respeto, admiración y apapacho. Por favor Sr. Renko no se desaparezca tanto, se le extraña. Besos mordelones de su stalker!

    Publicado por Susii Strada | 5, octubre, 2015, 1:03 am
  13. Interesante su perspectiva.
    Aunque se debe admitir que así como hay hombres infieles, también hay mujeres que están en ese “mismo nivel”, así que desde ese panorama diría…Quizás… tenga usted algo de razón; pero pareciera que su articulo esta prácticamente basado en la justificación de los hombres infieles y en como ·”algunas” mujeres son culpables por ese acto. Debo admitir que siento cierta curiosidad por su manera de pensar me recuerda al escritor y poeta LORD BYRON, creo que posee usted señor cierta osadía, lo cual no es nada normal pero siempre es bueno leer a alguien capaz de dar su opinión .
    ESPERO SU PRONTA RESPUESTA.

    Publicado por SOFI | 9, noviembre, 2015, 8:33 pm
  14. No sé qué pasó, sentí un deja vu, hace poco leí ¿por qué los hombres se casan con las cabronas?

    Publicado por Berenice | 16, marzo, 2017, 7:23 pm

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