La Columna de Renko

La escoba rota


Esta mañana se rompió el palo de mi escoba por segunda vez en el año. Se había mojado con la lluvia durante la madrugada y al golpearla contra el suelo para secarla, se partió de nuevo justo de donde el extremo del palo se unía con la base de plástico de las cerdas. Lo primero que pensé fue: “ahora sí voy a tener que comprar otra”; ya que la vez anterior, en contra de toda lógica popular, había buscado repararla en vez de correr al mercado por una nueva. Pero no lo hice, en vez de hacer lo “lógico”, la revisé y reparé una vez más; inserté el remanente del palo en la base y con un clavo atravesé el plástico y la madera, uniéndolos de nuevo, luego torcí el clavo para que no se saliera (con otro clavo, jaja) y lo cubrí con cinta aislante para que no hiciera daño a nadie. Por lo que otra vez tenía una escoba en buen estado y presta para cumplir con su propósito en la vida, ni qué decir de ahorrarme dinero y viaje al mercado.

Mirando a mi escoba reposando sobre la pared, inocente del peligro que se había librado de terminar en el basurero municipal, pensé como en otras ocasiones, de cómo nuestra cultura nos ha condicionado a remplazar en vez de arreglar. Los electrodomésticos (e infinidad de artículos) son cada vez más desechables, las planchas que antes duraban décadas, ahora somos afortunados si llegan a los 5 años; ni que decir de batidoras, abanicos, licuadoras, etc. Parece que todo está diseñado para que dure poco y que tarde o temprano tengamos que comprarlo de nuevo y, por lo consiguiente, el proveedor gane dinero otra vez con la misma necesidad insatisfecha.

Pensé entonces, en cómo esa misma cultura de “tirar y remplazar” se ha colado en las relaciones sentimentales, contagiándonos de la creencia que si algo no funciona en una relación, lo más lógico es terminarla y empezar una nueva, antes que examinarla y repararla como hice con mi escoba. No hablo de relaciones tóxicas que simulan darse nuevas oportunidades en un círculo vicioso y dañino, eso no es reparar. Tampoco de esas relaciones relámpago de hoy en día que no llegan al año cuando ya se terminaron, sin que se buscara una manera de mantenerlas vivas. Me refiero, en cambio, a las relaciones que después de muchos años entran en una espiral descendente hasta que terminan en separación o divorcio.

Tampoco voy a generalizar o simplificar el problema, reducirlo a que no se buscan soluciones; por supuesto que muchas parejas buscan arreglar sus problemas antes de aceptar la llamada puerta fácil de la separación definitiva. Los consultorios de psicólogos, consejerías matrimoniales y grupos de parejas en las distintas religiones, entre otros lugares similares, dan prueba fehaciente de que las relaciones no se mueren fácilmente.

Entonces, ¿de qué rayos hablo al decir que la cultura nos ha influido con su dogma de tirar y remplazar?, muy bien, pues hablo del símil de mi escoba, que no se nos ha enseñado a reparar de verdad y dar segunda vida a lo que se dañó. A buscar a fondo el problema, encontrarlo, encararlo con honestidad y tener la disposición para repararlo y aceptar el hecho que quizá no vuelva a ser como antes, pero aún se le puede dar una segunda vida o brindarle un nuevo propósito de servicio.

Muchas parejas acuden a terapia psicológica o grupos de parejas en busca de una solución a sus problemas, pero solo para quitar los síntomas de su relación enferma, sin adentrarse a consciencia para buscar lo que los ocasionó. Por ejemplo, las parejas que padecieron infidelidad por uno o ambos lados, quieren superarla, quitar el dolor y resentimiento, recuperar la confianza para poder seguir juntos. Pero no examinan el por qué se dio la infidelidad, qué es lo que pasaba en la cabeza del infiel y en qué aportó consciente o inconscientemente el engañado para que la situación de distanciamiento físico y/o  emocional desembocara en una infidelidad. Tampoco ahondan en el origen  para prevenir una futura recaída o garantizar una relación sana y madura emocionalmente. Como dije antes, no reparamos y eventualmente, solo desechamos y remplazamos a la persona defectuosa por una nueva… que probablemente venga también con defectos de fábrica o de uso por su anterior usuario.

Otros ejemplos son las crisis existenciales, las depresiones, los fracasos laborales, los cambios inherentes al crecimiento interior o la falta de estos, los vicios, los defectos de carácter, violencia familiar, celos, “diferencias irreconciliables”, todos ellos factores que pueden influir en complicar una relación sentimental, son problemas para los cuales se busca aliviar los síntomas, pero en muchas ocasiones sin lograr acceder a su fuente, para repararlos y darles la oportunidad de una segunda vida a las personas, a su relación sentimental.

Varios de estos factores, si no es que todos, no se gestan de la noche a la mañana, en mi experiencia profesional he observado que muchos casos son el resultado de conflictos emocionales antiguos que no se resolvieron en su momento, que se remontan incluso a la infancia o adolescencia y que con el paso del tiempo fueron evolucionando hasta complicarse y transformarse en una depresión,  una crisis existencial o cualquiera de los otros factores mencionados. Una persona no cae en un vicio solo porque sí, ni porque de pronto se volvió adicta al alcohol, las drogas o el juego, esa persona cae en el vicio porque carecía de las herramientas necesarias para afrontar los problemas que lo llevaron a refugiarse en un vicio para huir de una realidad dolorosa o que le provocaba malestar emocional.  Una persona no cae en depresión solo porque perdió algo o a alguien (trabajo, familiar, salud, etcétera), sino porque no supo o pudo integrar su pérdida y salir adelante a pesar de ella, aceptándola como parte del ciclo de la vida.

Tratándose de nuestra especie, nada es simple, todavía menos, fácil de examinar y resolver, en especial cuando se trata de emociones, sentimientos, dolores, heridas y relaciones sentimentales. Sin embargo, las cosas se complican aún más cuando no buscamos la fuente de los problemas para arreglarlos de raíz y nos conformamos con aliviar los síntomas, o como dije antes, nos limitamos a cambiar de pareja y rogar al cielo que venga sin defectos graves.

Otra cosa sería si cuando visitáramos al psicólogo o consejero, éste nos ayudara a revelar una verdad como ésta: “mire, su problema no es que haya dejado de gustarle su pareja o de pronto se haya acabado su Amor y por eso le fue infiel, sino que en su interior siente un vacío e insatisfacción que no tienen que ver con ella, sino con usted mismo y mientras no lo repare, ninguna pareja le va a durar en la vida y acabará cambiándola una y otra vez por otra.

¿Verdad que cambia por completo la perspectiva de tirar y remplazar?

Hay que reparar y darle una segunda vida a las relaciones, a las personas, a los sentimientos, antes de desecharlos y remplazarlos por otros.

Nota: Si tienes alguna “escoba” por reparar en tu vida y deseas asesoría psicológica para lograrlo, me encantaría ayudarte. Solicitud de Contacto

Germán Renko @ArkRenko
Autor del libro “Con las Alas en Llamas”.

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“Con las Alas en Llamas”
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Acerca de Germán Renko

Psicólogo, escritor y Conferencista. Autor de: Con las Alas en Llamas. “Si no era Amor, era vicio. Porque jamás una boca me hizo regresar tantas veces por un beso”.

Comentarios

Un comentario en “La escoba rota

  1. Buenos Dias Caballero…si si y si…es esto mismo…parabéns por tu escoba..👏👏 y ahora quiero dar aplausos por tu reparo en su matrimonio o relación.Tu puedes y Dios quiere esto.Las dificuldades son de cada uno y el diálogo amoroso es la llave para una relación madura…y bella!! Salve Salve grand escritor Arkrenko!!@ Que se cuide con la Covid 19. Lenesouzinhaa.

    Publicado por Eliene- @Lenesouzinhaa | 10, noviembre, 2020, 9:07 am

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