La Columna de Renko, Mundo Virtual

Reseña a “Las noches habitadas” de Alma Delia Murillo


Enamorado de 4 mujeres.
Reseña a “Las noches habitadas” de Alma Delia Murillo.
Por Germán Renko

En Twitter tenemos una frase que dice: “me enamoré a la primera letra”. Es un término que se usa para decir que se tiene un “crush”, un flechazo inmediato por las frases de un tuitero. Estoy seguro que a más de uno le ha pasado encontrar una cuenta en Twitter que parece poseer un túnel secreto hacia nosotros y que todo lo que escribe nos sacude, conquista y toma de rehén a partir de ese momento. Yo he experimentado ese relámpago muchas veces, me ha caído el rayo como cuentan los italianos de Puzo y me he enamorado de una gran cantidad de letras en Twitter, de su esencia mágica que traspasa pieles y se cuela por las costuras del alma.

Sin embargo, encontrar un autor que me subyugue con su prosa, que me arrebate su estilo y me haga desear beberme todas y cada una de las páginas de sus libros, eso es otra cosa. Porque para que eso suceda, debe ocurrir el milagro que me tope con sus letras y se presente la oportunidad de saborearlas. A diferencia de Twitter que basta un Retweet, un afortunado RT de alguien que comparte y me acerca por medio de 140 caracteres al autor de la frase, en cuestión de libros el autor la tiene más difícil para llegar a los futuros lectores; y somos nosotros como lentos caminantes los que tenemos que dirigir nuestros pasos en la dirección ideal para hallar esos tesoros empastados. Por esa razón, en cuestión de letras, soy amante fiel de las corazonadas, de esos golpecitos en el corazón que me dicen: “aquí está escondido el brillo de un tesoro, solo es cuestión de esperar o escarbar”. Algo parecido me sucedió hace un año cuando gracias un RT encontré el perfil de una joven mujer que escribía con un desparpajo y naturalidad que llamaron mi atención lo suficiente para llevarme no solo a seguirla en Twitter, sino a stalkear sus pasos hasta llegar a sus columnas en www.sinembargo.mx, las cuales fueron oro molido para robarse al amparo de las madrugadas de insomnio o a plena luz del día en compañía de un café.

Quienes llevan tiempo leyéndome en mis redes sociales sabrán que soy de enamoramientos intensos e inmediatos; cuando me gusta cómo escribe alguien se nota rápidamente en mi TimeLine (TL) por medio de los RTs y la constancia y frecuencia con que comparto sus tuits. Con Alma Delia mi crush empezó con un tuit que me llevó a buscar más de ella en sus columnas semanales en el diario digital, las mismas que he compartido regularmente en mi TL con todos mis lectores; tal como hago con los Tuits de quienes sigo y leo religiosamente.

Cuando Alma Delia me comentó hace un año que estaba trabajando en una novela sentí un cosquilleo en las orillas del alma. A la par que procesaba la noticia, me pregunté cómo sería disfrutar una historia contada con su cinismo fino y descarado, su estilo desvergonzado e impúdico, su sarcasmo crudo y divertido en tantos niveles, su capacidad de análisis y esa habilidad tan suya para profundizar en donde la mayoría de la gente se conforma con nadar en la superficie. Lo que una vez fue solo intuición, ahora era una certeza y solo era cuestión de esperar pacientemente a que la noticia fuera oficial y el libro saliera a la venta; había encontrado un nuevo autor favorito.

Las horas habitadas2Dónde comprarlo: http://www.almadeliamurillo.com/

A una semana del anuncio de la publicación de “Las noches habitadas”, escrita por Alma Delia Murillo, llamé por teléfono a una librería local para preguntar sobre su existencia en inventario. Eran las 6 de la tarde cuando entré con paso decidido por la puerta principal y ahí estaba en el estante de novedades la imagen que había visto en Internet, una mujer tapando su cabeza con una almohada. Lo tomé entre mis manos como quien saca la primera moneda de un tesoro enterrado y largamente buscado. Después de pagar en caja, recorrí el pasillo de novedades y salí de la librería sin voltear a ver a ningún otro libro, como el jardinero que se marcha con la seguridad de llevar entre sus manos la flor más bonita del jardín. Dentro del coche, rompí el papel celofán y repetí el ritual que me ha acompañado desde mis primeros encuentros con los libros. Abrí el libro en cualquier página y simplemente las olí; tal como se huele una flor recién cortada. Olía a papel y a tinta fresca, pero sobre todo, se respiraban los pensamientos de una mente ágil, audaz y exquisita.

La cita con las 4 mujeres de “Las noches habitadas” apenas empezaba, de regreso en mi estudio descorché una botella de uno de mis tintos preferidos y tomé una foto del libro con una copa llena de vino a un lado para compartirla con mis lectores en Tw, FB e Instagram y me adentré expectante en un mundo de insomnio, obsesiones y emociones de mujeres que bien podrían ser mis vecinas, una de tus amigas, su hermana, la prima, la cuñada o tú misma querida lectora, o alguien que conoces, querido lector.

Las horas habitadas

La primera mujer a la que conocí fue Carlota, una joven adorable de dieciséis años que noche tras noche de insomnio es devorada por sus ansiedades, sus traumas y desordenes y el encuentro con un mundo que no prepara a sus nuevos habitantes para la guerra de egos, vanidades, prejuicios, mitos y mentiras que habrán de encontrar al entrar a la adolescencia. Carlota es cínica, analítica y desvergonzada, no conforme con llevar la carga de su cuerpo, porta también la responsabilidad de ser los ojos por los cuales la autora nos permite ver a los demás personajes desnudos, sin sus máscaras sociales ni las justificaciones que repiten antes los demás y ante sí mismos para ser como son. Carlota posee la mente brillante y culta de una mujer de treinta, pero toda la inocencia y desparpajo de una mujercita en proceso. Cómo no sucumbir ante su encanto cuando declara: “Los raros estamos condenados a querer de un modo estúpido y eso es garantía de que todos nos van a romper el corazón”.

Contradiciendo el orden natural de la vida, después de la hija, viene la madre, Claudia. Una mujer madura, que desempeña el rol más difícil de nuestra sociedad y el que menos justicia recibe en los organigramas sociales. El rol de madre y esposa. El ama de casa que va de habitación en habitación hablando con el fantasma de su hija que durante las mañanas está estudiando y con el fantasma de su esposo que casi todo el tiempo está trabajando. A Claudia la acosan el demonio de los celos y el de la frustración conyugal, los mismos demonios que soportan muchas mujeres que en algún momento de su matrimonio han perdido las llaves de sí mismas, de su seguridad, de sus motivaciones, de su esencia como mujer, que se han olvidado que alguna vez tuvieron aspiraciones, sueños y pasiones, y que se han convertido en un ente simbiótico que solo gira, existe y respira para sus hijos y su marido. Aunque paradójicamente se siente lejana a ellos, ausente de sus vidas, de sus decisiones y momentos importantes. Para mí, como lector maduro, como un hombre que ha disfrutado, admirado y analizado la naturaleza femenina por varias décadas, Claudia es el personaje más complejo de la novela, el que posee la carga emocional más intensa y la historia más rica en matices. Son una exquisitez sus monólogos, como ese que suelta al principio del libro sobre su creencia de sentirse incapaz y negada de nacimiento para darle placer oral a su marido, para brindarle el regalo de la iniciativa, creatividad y sensualidad en la cama que seguramente encuentra en sus amantes ocasionales y fijas. Al menos en las amantes que ella se imagina que su esposo tiene por montones. Aquí, hay que hacer justicia a la imparcialidad de la autora que en ningún momento estereotipa a los personajes. Los hombres de “Las noches habitadas” no son los malos del cuento, ni los machos intransigentes y egoístas que algunas áreas del feminismo se empeñan en dibujarnos. Los hombres de Alma Delia no están pintados en blancos ni negros, son seres matizados en distintos colores. Con virtudes y defectos como los hombres reales. Un detalle que se agradece como hombre y que enaltece la objetividad de la autora.

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De las cuatro mujeres Claudia me fascinó en sus momentos cruciales, considero que es la más compleja, la más masoquista, la más dura consigo misma y la que carga con la familia al hombro, como hace siempre la madre y esposa. Sentí su incapacidad para disfrutar del sexo, su paranoia matrimonial y sus reproches interminables para sí misma y para su marido. Claudia es una mujer hecha y derecha, madura por los años y compleja por naturaleza femenina. Aunque está a medio terminar como las demás mujeres de su mundo, les lleva la delantera en experiencia de vida. Me encantaron los soliloquios que tiene para buscar entender la selva moderna en la que su marido sobrelleva las cargas del hombre actual y la total incomunicación que siente tanto con el padre como con la hija y el doloroso abandono en el que se encuentra la relación con sus propios hermanos, en especial con Dalia.

Adentrarse en la mente de Dalia, la tercera de las mujeres insomnes de esta historia, es lanzarse en clavada libre a lo más torcido y obsesivo de una mente femenina enamorada. Las mujeres de por sí son obsesivas, masoquistas y recurrentes sobre un tema, pero enamoradas lo son doblemente, hasta parecer disco rayado. Quien haya acompañado a una mujer después de una ruptura amorosa sabrá de lo que hablo de inmediato. Adentrarse en el corazón enamorado y abandonado de Dalia conmueve todas las fibras del alma relacionadas con el Amor y la empatía humana. Su dolor traspasa el pecho y no conforme con eso, la flecha gira dentro de nosotros mientras nos atraviesa, horadando la carne, haciendo grande el túnel por donde nos llega al alma. “Nací con el corazón en pedazos; también insomne. Por eso soy Kamikaze. Nací incompleta: me falta resignación. Por eso soy para siempre. Por eso sigo sin comprender por qué debemos separarnos; no entiendo por qué me abandonas, por qué no te quedas a atravesar la vida conmigo”. Y con esas sencillas palabras, Dalia encarna a todas las mujeres que se han sentido traicionadas por el abandono de quien consideraron el Amor de sus vidas. Dueles Dalia; dueles mujer.

Enamorarse de una mujer siempre será demasiado para procesar en una vida, pero enamorarse de dos o tres y finalmente de cuatro al mismo tiempo, probablemente es algo que solo puede ocurrir en la literatura, en la marginalidad de las páginas, en la fugacidad de una historia que termina con la palabra “FIN”, pero empieza a ser eterna en las hojas de la memoria. He dejado para el final a Magdalena, la ultima mujer de la que me enamoré. Alma Delia me disparó cuando platicamos sobre ella: “¿odiaste a Magdalena por ruda?” Le respondí con absoluta sinceridad: “A Magdalena la amé como a todas”. De una manera especial porque no es la típica mujer mexicana que se tira al drama, que sacrifica sus mejores años por una empresa llamada familia, sino que sacrifica el cuento de hadas por el crecimiento personal, por el éxito económico y laboral. Magdalena lleva una vida de lujos, amores fugaces y soledad absoluta. Porque no hay otra manera de conseguir el éxito absoluto que sacrificándolo todo, absolutamente. La rubia eternamente bella y de efectiva inteligencia, rompe el estereotipo rubio y será sin duda la que menos empatía despierte entre las lectoras. Pero no por eso dejará de ser entrañable su esencia puntillosa, acertada en sus comentarios sexuales sobre los hombres y dueña de una crítica mordaz hacia sus compañeras de género. Como cuando dice: “¿Por qué será que las mujeres estamos permanentemente enojadas? Al principio de todo contacto somos encantadoras, chispeantes, madres amantísimas o exploradoras sexuales radiantes, pero luego, invariablemente, mutamos en supervisoras regañonas, expertas detectoras de fallas, amargadas e inapetentes sexuales. Qué tristeza que la amargura se haga cada vez más densa con los años, que el carácter sea cada vez mas agrio”. Mas adelante, arrasa con los hombres al declarar: “Los hombres dicen de un modo transparente con sus acciones lo que no dicen con palabras. Sobre todo después de eyacular. Casi todos duermen después de eyacular, pero no falta el que prefiere beber porque está muy descompuesto del alma; o el que fuma sin preguntar si puede hacerlo para demostrarte que es un adulto que no necesita permiso; o bien el pobre asustado que se disfraza de cínico arrogante y te advierte que no te enamores de él; o el desconectado que apenas te toca o te mira. El que busca el teléfono es el peor porque es casado y necesita reportarse a la comandancia para que la cornuda no arme un lío de consecuencias siniestras”.

Magdalena me conmovió porque de todas las mujeres en la historia de Alma Delia, es la que mejor nos entiende a los hombres y la que más necesita un rayo de esperanza que le permita creer que escondido en algún empaque de músculos y testosterona está un espécimen que aún no ha conocido: el hombre ideal para ella. Aunque como ella misma declara, está más cerca de abrir una consultoría de cinismo de género y dejarse de hipocresías.

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Las mujeres que se desvelan y se revelan en “Las noches habitadas” y que nos arrastran a su mundo de insomnios, preguntas sin respuesta y cuentos de amores sin final feliz se salvan del estereotipo literario porque en su elocuencia al natural y sus manías desnudas nos permiten conocer a cuatro mujeres que bien podrían haberse escapado de su vida real para meterse en la historia contada por la autora. Alma Delia Murillo nos cumple más allá de lo esperado a quienes leemos y amamos sus columnas, nos enseña y regala un estilo fresco  y audaz para contar historias y nos vuelve adictos a su mordacidad y desfachatez. Le doy las gracias a Alma Delia por mis cuatro nuevos amores y espero ansioso a los que hayan de surgir de su pluma cínica y lujuriosa en el futuro.

Germán Renko

 

 

Germán Renko @ArkRenko
Autor del libro “Con las Alas en Llamas”
www.AlasEnLlamas.com

Otras lecturas recomendadas:
Los caminos para amar
Amores virtuales – Parte I
Twitter y las palabras

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Acerca de Germán Renko

Escritor, bloguero y tuitero. Autor de: Con las Alas en Llamas. “Si no era Amor, era vicio. Porque jamás una boca me hizo regresar tantas veces por un beso”.

Comentarios

3 comentarios en “Reseña a “Las noches habitadas” de Alma Delia Murillo

  1. Me encanto tu reseña sobre todo esa parte en la que nos identificas Como cuando dice: “¿Por qué será que las mujeres estamos permanentemente enojadas? Al principio de todo contacto somos encantadoras, chispeantes, madres amantísimas o exploradoras sexuales radiantes, pero luego, invariablemente, mutamos en supervisoras regañonas, expertas detectoras de fallas, amargadas e inapetentes sexuales. Qué tristeza que la amargura se haga cada vez más densa con los años, que el carácter sea cada vez mas agrio!!!…yo siendo mujer me digo quien nos entiende!!!!

    Publicado por cecilia velasquez | 6, julio, 2015, 6:09 pm
  2. Bravo! con tan buena introducción quien no va a desear leer “Las Noches Habitadas”.. Felicidades Caballero, cada vez me sorprende.. Un abrazo desde Venezuela!! cariños y éxitos!

    Publicado por Cathy Albornoz | 6, julio, 2015, 6:53 pm
  3. Bravo!!! por Alma Delia, seguramente tendrá éxito con su libro, pues todo lo que tenga que ver con las mujeres, es garantía de triunfo!!! Gracias Germán por darnos un vistazo del encuentro sublime con estas cuatro bellas mujeres, cada una con su personalidad, cinismo y encanto. Prometo leerlo. Besos y abrazos de oso!!!

    Publicado por Yeni Varela | 7, julio, 2015, 12:56 pm

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