Relatos Eróticos

Siento mi piel sensible hasta al viento…


Siento mi piel sensible hasta al viento… Es fin de semana, fresco y contento me dirijo manejando hacia tu casa. Muy temprano, me he despertado teniendo a cada momento presente el día que me espera, poniendo especial esmero al acicalarme en cada detalle, preparándome para ti… una rasurada minuciosa, ropa cómoda. Mientras pongo un poco de perfume en mi pecho y otro poco en los lóbulos de las orejas, la imagen mental de tus labios rozándome la piel y de tu nariz hurgando por mi aroma, llega a mi cabeza y hace que un delicioso cosquilleo recorra mi cuerpo. Es sábado y me has invitado a desayunar, cocinaras para mí. Aunque ambos sabemos que el postre serán nuestros cuerpos.

Me recibes con esa mirada de vampiro que hipnotiza y provoca. Tu aroma se cuela por los poros de mi nariz, llegando hasta lo más recóndito de mi cerebro, dándole un sugestivo aletazo al deseo. La idea de tomarte en brazos y besarte contra la escalera que lleva a tu alcoba cruza fugaz por mi mente; No bien se cierra la puerta mis manos se ciñen suaves, pero ansiosas a tu talle, mi cuerpo se unta al tuyo y unimos nuestras bocas en un largo, húmedo y exquisito beso. Saludándonos a nuestro modo, aprovechando la intimidad que brinda tu santuario, tú, dándome la bienvenida, yo, diciéndote en un mordisco al labio inferior de tu boca que me siento contento.

¿Hambre? ¿Quién piensa en comer teniendo de alimento tus besos?, nos perdemos en la embriagadora sensación de pegar nuestros labios. Respiraciones agitadas y suaves gemidos de placer se escapan quedos de tu garganta, tu pierna se desliza suavemente hacia arriba por la mía y unos cuantos segundos sientes ya, los tambores de mi sangre en tu bajo vientre. Parece difícil que podamos parar, más te has esmerado en la cocina, el desayuno está listo y deseas que paladee lo que has preparado para agasajo de mi estomago. Lenta y dulcemente apartas tus labios, dando pequeños besos en el proceso. Pasas tu dedo por mi cara y me dices: “Guardemos un poco para el postre”.

Sentado bebiendo un poco de agua, te veo llevar los trastes a la cocina y recuerdo los últimos veinte minutos. La mesa estaba pulcramente arreglada, habías puesto atención a todos los detalles. Los olores de la comida mezclados y casi ocultando por completo tu perfume daban la idea de lo exquisito y bien preparado que te había quedado el desayuno. Comíamos y charlábamos, a la vez que nuestras miradas se cruzaban coquetas, expresando con los ojos aquello a lo que las piernas daban vida a ratos por debajo de la mesa.

Dos minutos, tres, cuatro, me hablas desde la cocina, enjabonas, tallas y enjuagas un plato. Me pregunto si sentirás mi mirada comiéndote las piernas, acariciando el hueco que se forma al final de tu espalda y el inicio de dos peligrosas montañas envueltas en mezclilla. Lo has de saber, ya que de vez en vez, volteas y lanzas una insinuante mirada hacia donde me encuentro, entornas los ojos, ríes y me haces reír a mi también. Presiento que no solo tus manos están cubiertas de agua, como no solo en mis orejas se acumula mi sangre.

Me invitas a sentarnos en la sala, en el sillón que ha sido nuestro cómplice mudo de charlas pasadas, de suspiros contenidos y finalmente liberados en gemidos. Ahí donde chupé de tu sangre, de tu cuello y tu misterio. Ahí donde cabalgaste sobre mi instinto y arrancaste la ultima de mis fuerzas, donde doblegaste con coquetería mi resistencia y ahuyentamos con húmedos deseos el fantasma de un tercero.

Nos sentamos como otras veces, yo dando la espalda a la cocina, tu frente a mi, mirándome a la cara. Mis zapatos en el suelo, fueron los primeros en separarse de mi, tu blusa fue la primera de tus prendas que se unió a mis zapatos. Nos besamos y acariciamos por largo tiempo, disfrutándonos, saboreando nuestra miel… la cercanía, y dejando que las cosas vayan subiendo solas de tono.

A los besos siguen las mutuas exploraciones, mis ojos embebidos siguiendo el movimiento de mis manos, una por aquí… pellizcando, provocando y luego tallando en círculos; La otra mas allá de la frontera, en busca de lo escondido, del calor del centro de la tierra. Tu mano envolviéndome, apretándome, intentando domar un potro salvaje con suaves caricias. Nos quedamos sin ropa alguna, me tiene a tu merced, sentado y recargado, y tan solo me estremezco de placer al sentirte así sobre mí… al galope como amazona.

A mi nariz llega tu esencia, es intensa, de hembra en celo. Se que mas tarde cuando vaya manejando la percibiré aun después del baño, la traeré en mis manos y en mi pecho, y me excitará de nuevo, tal como ahora lo hace. Te cedo el control, mis manos solo se dedican a llevar tu ritmo, a sostenerte de la cintura, a acariciar tu cadera, a subir y bajar por tu húmeda espalda, a trazar travieso con un dedo la raya oscura de una trinchera.

Nuestros cuerpos están agitados, tu blanca piel ahora se observa roja, si, está así por la constante fricción de nuestros cuerpos, por las huellas que han dejado mis caricias sobre valles y colinas. Dos puntos parados que se tallan una y otra vez contra mi pecho, me hablan de tu deseo cada que tu cuerpo se separa un poco del mío, para arremeter de nuevo con fuerza contra mis piernas que te sostienen, contra la columna de hierro al rojo vivo que incansable se hunde en tu carne.

Lentamente vas bajando la velocidad, hasta que sudorosa y aun agitada me dices… “Vamos arriba, a mi recamara”, la idea me sorprende, se que ese lugar es sagrado, tu invitación me da confianza, me habla de lo especial que es la ocasión. Te levantas de mí, apoyando firme las piernas en el suelo para impulsarte hacia arriba y dejarme a la voluntad del clima. “Te espero allá”, dices antes de iniciar a caminar hacia la escalera, me he quedado embelesado, viéndote subir completamente desnuda, mirando como tus piernas se tensan en cada escalón, como tu cadera se bambolea sensual, atizándome el deseo.

Al subir, te encuentro en el baño, secándote el sudor y te jalo de una mano para tenerte cerca, te beso largamente, recargando tu espalda en el barandal de la escalera, mientras que una mano mía sostiene tu espalda y la otra tu pierna, para permitir que mi carne ansiosa pueda unirse otra vez a la tuya. ¡Que delicia! Estar mezclados de esa forma, una sola carne, un solo cuerpo, una misma pasión y un gran deseo. El lento y pausado vaivén de mi cintura arranca de ti jadeos, tus manos se aferran a mi espalda para hacer mas profunda mi entrada.

No se cuanto mas resistiré las tremendas descargas de placer ni la postura, mas se que quisiera alargar eterno el momento, siento como mis piernas se tensan, se esfuerzan en cada subir y bajar de la cadera, con tu mano me jalas, pidiéndome mas con ese gesto. Finalmente, sin separarnos, como patas de araña nos movemos hacia la cama, donde te dejas recuestas, rendida a mi a cuerpo.

Tomo cada segundo del tiempo que me ofreces, quiero disfrutarte arriba, abajo, a un lado. Ver en el espejo como se reflejan nuestras figuras, la tuya inclinada sobre la cama, la mía empujándote por atrás con impetuoso vigor, mientras tus rodillas se hunden en la cama y mis piernas parecieran soldadas al piso.

Me encanta verte así y que me veas; Que poses tus ojos en los míos, cuando mi mundo se sumerge en tu universo, que me hables y grites que no pare… que te mueres. Que participemos en este divino asesinato mutuo, pues me matas con esos gemidos, con la carne trémula que se contrae bajo mis manos al jalarte hacia mi, con la vista de tu espalda arqueada y de tus senos a merced de la gravedad e inercia del ir venir, del chocar de nuestros cuerpos. No soporto mas, mis uñas se entierran salvajes en tus piel, tu voz me dice que ya es tiempo… cierro los ojos viendo por ultima vez tus labios crispados en el espejo, tus manos apretando la sabana y nuestras caras cambiando ante la fuerza del orgasmo…labios secos que contrastan con la humedad de nuestros cuerpos, brillantes luceros por ojos…y el dulce regresar del cielo a tu recamara…

Germán Renko

@ArkRenko
Autor del libro “Con las Alas en Llamas”
www.AlasEnLlamas.com

 

Acerca de Germán Renko

Escritor, Conferencista y columnista. Autor de: Con las Alas en Llamas. “Si no era Amor, era vicio. Porque jamás una boca me hizo regresar tantas veces por un beso”.

Comentarios

Un comentario en “Siento mi piel sensible hasta al viento…

  1. usted describe tan sigilosamente ese placer inexplicable para una pareja con química saludos Lulu

    Publicado por Lulu | 13, octubre, 2015, 11:08 am

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